La práctica de la literatura

Representación y LenguajeEn esta nueva convocatoria de cursos de Función Lenguaje, que tendrán lugar durante los próximos meses, el alumno puede optar por dos Módulos diferentes de la sección de Escritura Narrativa de la escuela. A continuación encontrarás información sobre estas propuestas académicas, diseñadas para estudiantes interesados en adquirir conocimientos narrativos fundamentales y ejercitar de forma tutorizada la escritura de textos literarios, y también un fragmento de una conferencia impartida por el poeta y ensayista Francis Ponge, donde el autor de De parte de las cosas reflexiona sobre el desafío básico al que debe enfrentarse todo escritor a la hora de pensar y escribir un texto literario.

 

 

Representación y lenguaje

 

 En Representación y lenguaje se abordarán los temas “el lenguaje como herramienta”, “lenguaje expresivo”, “campos semánticos” y una introducción a las “construcciones expresivas”. En resumen, un acercamiento elemental y a la vez sustancial a las claves y recursos imprescindibles que el aspirante a escritor debe tener en cuenta a la hora de experimentar e investigar con la materia de la creación literaria.

 

Duración: 8 sesiones de 2 horas

Profesoras: Mercedes González y Elisa Velasco

Próxima convocatoria: del 9 de mayo al 27 de mayo

 

Formas breves

 

Formas breves constituye el curso básico de escritura de relatos breves de la escuela, donde el alumno encontrará una completa introducción al género desde una perspectiva práctica, con ejercicios de escritura, análisis de ejemplos, técnicas narrativas y recursos primordiales.

 

Duración: 8 sesiones de 2 horas

Profesor: Ernesto Bottini

Próxima convocatoria: del 16 de mayo al 4 de julio

 

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La práctica de la literatura

 

Por Francis Ponge

 

  ¿Cuál es la consecuencia de la significación? ¡Es terrible! Es con las palabras que todo el mundo emplea cada día, para decir “No empujen” (en el metro) o para decir “Pásame la sal” o para decir… Es con esas palabras que es preciso que trabajemos, no solamente esas palabras, sino también las que sirven para decir “tengo miedo”, para decir “¿desea usted?”, para decir cosas así,… o tal vez… mucho más importantes, las que pueden pensar los demás animales.

            Pero para expresar nuestra sensibilidad hacia el mundo exterior, debemos emplear esas expresiones que están contaminadas por un uso inmemorial, contaminadas y ampliadas y hechas más pesadas, más graves, más difíciles de manejar.

            Supongan que cada pintor, el más delicado, Matisse por ejemplo… para hacer sus cuadros, no tuviera más que un gran tarro de rojo, un gran tarro de amarillo, un gran tarro de etc., ese mismo tarro donde todos los pintores desde la Antigüedad (o franceses, supongamos, si ustedes quieren) y no solamente todos los pintores, sino todos los porteros, todos los trabajadores de la construcción, todos los campesinos hubieran mojado su pincel y luego pintado con eso. Han removido el pincel, y he aquí que llega Matisse y agarra ese azul, agarra ese rojo, ensuciados, supongamos, desde hace siete siglos para el francés. Y le hace falta dar la impresión de colores puros. ¡Sería, inmediatamente después, una cosa bastante difícil! Es un poco así como tenemos que trabajar. Cuando digo que debemos usar este mundo de las palabras para expresar nuestra sensibilidad por el mundo exterior, pienso, no sé si estoy equivocado, y en esto creo que no soy místico, en todo caso pienso que estos dos mundos son impermeables, es decir, sin pasaje de uno hacia el otro. No se puede pasar. Está el mundo de los objetos y de los hombres, que en su mayor parte también son mudos (porque remueven el viejo tarro, pero no dicen nada, no dicen más que lugares comunes).

             Está pues por una parte ese mundo exterior, por otra parte el mundo del lenguaje, que es un mundo enteramente distinto; enteramente distinto, salvo que existe el diccionario. No se puede pasar de uno hacia el otro. Hace falta que las composiciones que no se pueden hacer sino con la ayuda de esos sonidos significativos, de esas palabras, de esos verbos, sean dispuestas de tal manera que imiten la vida de los objetos del mundo exterior. Imiten, es decir que tengan al menos una complejidad y una presencia iguales. Un espesor equivalente. Ustedes entienden lo que quiero decir. No se puede íntegramente, no se puede hacer pasar nada de un mundo al otro, pero hace falta para que un texto, cualquiera que sea, pueda tener la pretensión de dar cuenta de un objeto del mundo exterior, hace falta al menos que alcance la realidad en su propio mundo, en el mundo de los textos, que tenga una realidad en el mundo de los textos. Es decir que exista en el mundo de los textos, que cobre allí un valor personal, ustedes comprenden, empleamos esa palabra solamente para los hombres, pero ustedes comprenden lo que quiero decir. Es decir que sea un complejo de cualidades tan real como el que presenta el objeto. Me parece muy importante que los artistas se den cuenta de esto. Si creen que pueden pasar muy fácilmente de un mundo a otro, entonces en ese momento dicen: “¡Ah, amo los caballos! ¡Ah, cuánto quisiera entrar en la manzana!” y todo eso. No es esa la cuestión. La cuestión es hacer un texto que se asemeje a una manzana, es decir que tenga tanta realidad como una manzana. Pero en su género. Es un texto hecho con palabras. Y no es porque diga “amo la manzana” que daré cuenta de la manzana. Daría mucho más cuenta de ella si hiciera un texto que tuviese una realidad en el mundo de los textos, aproximadamente igual a la de la manzana en el mundo de los objetos. […]

 

(Texto establecido de la grabación de una conferencia en la Technische Hochschule de Stuttgart, el 12 de julio de 1956). En Métodos. Traducción de Silvio Mattoni. Adriana Hidalgo editora. Bs. As., 2000.