Rincón bibliográfico

Sloterdijk: Hacer hablar al cieloDado que el título de este libro suena equívoco, hay que hacer notar que en lo que sigue no se hablará del cielo de los astrólogos ni del de los astrónomos; tampoco del de los astronautas. El cielo al que se ha hecho hablar no es un objeto susceptible de percepción visual. Desde antiguo, sin embargo, se imponían al mirar hacia arriba representaciones figurativas acompañadas de fenómenos vocales: la tienda, la cueva y la bóveda. En la tienda suenan las voces del día a día, las paredes de la cueva reflejan viejos cantos mágicos, y en la bóveda resuenan las cantilenas en honor del Señor, en lo alto.

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Hablemos de editoresCreo no equivocarme si aseguro que mucha gente, por no decir la mayoría, no sabe exactamente de qué trabaja un editor. Hay una confusión inicial con la palabra en español y es que el término editor se utiliza tanto para hablar del dueño de una editorial como de quien trabaja con los textos de otro para acompañar el camino que va de un manuscrito original a un libro. En periodismo, con todas las diferencias que existen, pasa algo parecido. Es editor el dueño del diario, el secretario de redacción y también aquel o aquella que trabaja sobre una nota para dejarla preparada para su publicación.

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El arte de ordenar libros: PerecToda biblioteca (denomino biblioteca a un conjunto de libros reunido por un lector no profesional para su placer y uso cotidianos. Ello excluye las colecciones de bibliófilos y las encuadernaciones por metro, pero también la mayoría de las bibliotecas especializadas –las universitarias, por ejemplo– cuyos problemas particulares se parecen a los de las bibliotecas públicas) responde a una doble necesidad, que a menudo es también una doble manía: la de conservar ciertas cosas (libros) y la de ordenarlos según ciertos modos.

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¿Qué es la Literatura?¿Qué es lo que convierte en literatura a un determinado texto, discurso o enunciación? ¿Qué es la Literatura?

 

Estas preguntas, que están en la base de la propia idea o posibilidad de una Teoría Literaria, tienen respuestas necesariamente muy vagas, poco precisas y en general mal definidas, de bordes borrosos. Estos bordes están en constante movimiento y descomposición-reformulación. La inclusión en el canon general de la Literatura de obras tan variadas como contradictorias entre sí problematizan o directamente niegan la posibilidad de una definición satisfactoria. Hay textos (obras) que entran en la categoría «literatura» que desconciertan a cada teoría (sistema teórico) que pretende aprehender lo que podríamos llamar la «esencia» de lo literario: el SER de la Literatura. Esto pasa con cualquier definición del arte. Pasó con la Modernidad y el nacimiento de la Teoría Literaria como disciplina autónoma (que hunde sus raíces en la Grecia clásica —en Aristóteles— y cuyo recorrido se cifra en más de dos mil años), momento que coincide con la superación de la literatura como aquel tipo de texto que está bellamente escrito (en el sentido de las convenciones retóricas y estilísticas clásicas), con la irrupción de modos de escritura abiertamente aberrantes, programáticamente monstruosas, radicalmente alejadas de la sensibilidad estética burguesa, con la caída del paradigma didáctico o pedagógico del texto literario (que imponía a la Literatura la tarea de instruir en la Belleza, el Decoro, el Bien o la Verdad) o enfrentadas con violencia contra la idea del entretenimiento. Obras cuyo planteamiento ponen en duda el propio concepto hegemónico de ficción, creación individual, originalidad… textos o discursos inicialmente no propuestos como literatura (narraciones heterodoxas, relatos «patológicos», prosa ensayística o informativa, experimentos lingüísticos, etc.), han diluido y horadado las fronteras de un territorio que hasta el momento parecía sólidamente blindado en una tranquilizadora certeza.

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