Pretensiones literarias. C. Ozick

Pretensiones literariasPor Cynthia Ozick

 

No hace mucho, cuando el escritor (literario) Jonathan Frazen fue catapultado a la condición de celebridad, no fue solo porque su novela Las correcciones se hubiera transformado en un best-seller. Fue porque había rechazado la celebridad, la había despreciado, le había vuelto la cara. Era porque consideraba la celebridad un escándalo, un oprobio. Lo avergonzaba. Lo degradaba. Era lo contrario de su deseo. Su deseo era ser admitido entre los artistas, no ser entrevistado por una conductora sentimentalista de un programa popular de televisión.

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Kafka y sus Precursores

Kafka y sus PrecursoresPor Jorge Luis Borges

 

Yo premedité alguna vez un examen de los precursores de Kafka. A éste, al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas. Registraré unos pocos aquí, en orden cronológico.

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De la lógica subyacente

De la lógica subyacentePor Ernesto Bottini

 

            Recuerda Marc Augé, en El viajero subterráneo, que uno de sus profesores del liceo afirmaba que el alejandrino más bello de la lengua francesa estaba escrito en las puertas del metro parisino:

 

«Le train ne peu partir

que les portes fermées».

 

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John Cheever: «Reunión»

John Cheever: «Reunión»Reunión

 

Por John Cheever

 

                   La última vez que vi a mi padre fue en la Estación Gran Central. Yo iba de la casa de mi abuela, en los Adirondack, a un cottage en el Cabo alquilado por mi madre. Le escribí a mi padre que estaría en Nueva York, entre dos trenes, durante una hora y media, y le pregunté si podíamos almorzar juntos. Su secretaria me escribió diciendo que él se encontraría conmigo a mediodía frente al mostrador de información, y a las doce en punto lo vi venir entre la gente. Para mí era un desconocido –mi madre se había divorciado de él hace tres años y desde entonces no lo había visto- pero apenas lo vi sentí que era mi padre, un ser de mi propia sangre, mi futuro y mi condenación. Supe que cuando creciera me parecería a él; tendría que planear mis campañas ateniéndome a sus limitaciones. Era un hombre alto y apuesto, y me complació enormemente volver a verlo. Me palmeó la espalda y estrechó mi mano.

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