Los zapatos de Louise Glück

 

Los zapatos de Louise GlückTodo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.

Lucas, 14. 7-11

 

 

A partir de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2020 a la poeta Louise Glück (Nueva York, 1943), en el sistema editorial español se han movido algunas piezas. Siendo, como es, un sistema que tiende a la entropía, esto de por sí debería ser señal de vida, promesa de oxígeno, de renovación del aire estancado, de replanteamiento de ciertas prácticas irregulares que se dan con total regularidad. Pero resulta que las interpretaciones de este movimiento, al menos en apariencia, en la superficie, han ido todas en una misma dirección.

 

Tras el júbilo inicial y las felicitaciones del sector a la editorial Pre-Textos por ser la casa editora de la ganadora (un «gordo» que cada tanto cae en una editorial pequeña o mediana, ayudando a revitalizarla), llegó el jarro de agua fría. La propia editorial valenciana, principalmente en voz de su director, Manuel Borrás, anunció que el agente de Glück, Andrew Wylie, estaba negociando sin previo aviso y sin justificación con otras editoriales para publicar su obra, dejándolos fuera del derecho de tanteo. Hubo alarma generalizada y versión oficial: el «Chacal» había hecho de las suyas y añadido una muesca más a las cachas de su ya famoso Colt .44. El columnismo cultural de renombre, el periodismo especializado y diversos agentes del campo cultural se lanzaron a reafirmar y rubricar esta versión oficial, condenando a coro lo que señalan como una maniobra mefistofélica e inmoral más de un representante acostumbrado a tratar con dureza —y sin concesiones al romanticismo que envuelve los asuntos literarios— los intereses de sus clientes. Casi cualquier unanimidad en el ámbito cultural es sin embargo altamente sospechosa y, en más de una ocasión, directamente tóxica.

 

En diversas entrevistas concedidas por Manuel Borrás en las últimas semanas (aquí, aquí, aquí y aquí), el editor contó los pormenores de la contratación de la obra de Glück con Pre-Textos, una relación que parecía predestinada a fructificar. Pre-Textos publicó a lo largo de 14 años 7 de las 11 obras de la poeta estadounidense, con el mismo estándar de calidad por el que la editorial ha ganado su prestigio internacional: buenas traducciones, bellos libros, un catálogo exigente. Según afirma el editor y los cronistas de esta «deslealtad», de los siete títulos publicados hasta el momento, «unos pocos centenares de ejemplares se vendieron y otros se almacenaron; no llegaron a amortizar ni los gastos de impresión».

 

Desde que se hizo pública esta situación, se escribieron decenas de artículos condenatorios tanto de la forma de operar del representante de la poeta como de la poeta misma, cuestionando sus principios éticos una vez que se dio por hecho (¡con razón!) que las acciones de Wylie contaban con la aprobación de su representada. Pero hasta ahora no se ha escuchado una voz crítica que rompa la unanimidad del relato de «traición», ninguna versión que intentara ponerse en los zapatos de Glück, en la perspectiva de sus intereses, de sus razones. Los 14 años de «fidelidad» de la editorial con la autora no pueden sino corresponderse con los 14 años de «fidelidad» de la autora con la editorial.

 

Los derechos torcidos

 

Empezaron las palabras gruesas, las recriminaciones, las acusaciones. Una legión de lectores que a todas luces no compraban sus libros (los números no cuadran) salieron en tromba a declarar que no la leerían más, que vaya hipócrita, que menuda pesetera, que habrase visto semejante caradura. Circuló un manifiesto de apoyo a la labor de Borrás y de la editorial. Se solidarizó el President de la Generalitat Valenciana. «Por desgracia a la poeta Glück dentro de poco se le recordará tan poco como se le echaba en falta antes», llegó a decir Borrás, más movido por el desengaño personal que por el criterio literario.

 

En un artículo publicado en La Vanguardia, el periodista Xavi Ayén contó que «en Wylie aseguran que el editor tiene sus contratos caducados y que, por tanto, ya editó el último libro, Una vida de pueblo, de forma ilícita. Borrás admite la caducidad pero la atribuye a un retraso en la traducción en aras de alcanzar mayor calidad». Se adujeron también retrasos en los pagos de adelantos y no haber consultado con la autora la ilustración de una portada, a lo que el editor ha respondido: «Bueno, nos retrasaríamos, pero, ¿por qué aceptaron el dinero? Y segundo, que en el último libro no le consultamos a la autora la cubierta… ¿Tú crees que son argumentos? Es que es de risa. Las cubiertas que le han hecho en EE.UU. son pavorosas». No es necesario rascar mucho para ver que en esta respuesta está todo mal.

 

Más allá de la somera referencia que se hacía en el artículo de Ayén, nadie acudió a la fuente para contar con la otra versión de este contencioso, hacer lo que en términos académicos se conoce como «periodismo». Pareció haber un acuerdo tácito en que señalar al agente sin escrúpulos y a la mercantilización salvaje de la literatura como únicos «culpables» constituía una exposición suficiente, y la caracterización de la editorial pequeña como «víctima», suficientemente tranquilizadora. El pasado 22 de noviembre, por fin, en una entrevista publicada en El País y firmada por Ferrán Bono, se escuchó la voz de Andrew Wylie: «Su primer contrato por la obra de Louise Glück expiró en 2015 y no pagaron el anticipo pactado para la firma del segundo. Por supuesto, les hemos escrito repetidamente, durante un período de años, más recientemente esta primavera, invitándolos a reparar esta situación, pero dejaron nuestros mensajes sin respuesta. Cuando publicaron Meadowlands [Praderas] en 2017 y A Village Life [Una vida de pueblo] en 2020, no solo fue sin pago sino sin ningún tipo de consulta sobre la traducción o la portada. Ni siquiera enviaron a Louise Glück una copia de sus propios libros». Los incumplimientos declarados por el agente bastarían para poner en duda todo el andamiaje del relato de «deslealtad» que se construyó desde la editorial y, sobre todo, para rescindir de forma inmediata cualquier contrato de edición al uso.

 

Es difícil casar la tan cacareada salud y pujanza del castellano en el mundo con la venta de 200 ejemplares anuales de cada uno de los títulos de la escritora que acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, galardonada antes con el Pulitzer (1993) y Poeta Laureada de Estados Unidos (2003-2004). Para poner las cosas en su contexto: estas credenciales la convierten en un fichaje de medio o bajo riesgo, no hablamos de la apuesta por una escritora descubierta en un taller de poesía de Alpedrete. La editorial contaba con los derechos de explotación de su obra en lengua castellana, incluyendo Latinoamérica. La crítica literaria mundial (lo que sea eso) es contundente en la valoración de su poesía: Louise Glück es una grandísima poeta, una de las mejores poetas vivas. Valga como botón de muestra local el entusiasmo con el que Martín López-Vega recibió en El Cultural la publicación de Averno en 2011 («El derecho de veto de Louise Glück»). La poesía no está pasando por un mal momento, ni de producción ni de comercialización: ha pasado mucho más frío en otras épocas. Y las poetas parecen estar liderando este momento dulce. Para atestiguarlo está la atención que en el mercado hispano recibe la obra de Anne Carson, y las abundantes reediciones de Dickinson, Plath, Sexton… y otras grandes poetas en lengua inglesa. Parece evidente que las ventas exiguas de los libros de Glück en castellano no son achacables a la editorial (cuya labor, cabe recordar, no solo es traducir, editar e imprimir los libros, sino también promocionarlos y «venderlos»), pero desde luego que una parte de responsabilidad sí debería asumirse en este sentido, al menos en el plano de la autocrítica. En lugar de señalar con el dedo acusador a la poeta, quizá hubiera sido oportuno preguntarse si había alguna negligencia por parte de la editorial que pudiera justificar su decisión. Distribución, política de precios, campañas de promoción, respeto contractual, proyección, etc., etc.

 

La práctica de destruir los ejemplares que no podrán venderse tras la pérdida de los derechos de explotación de una determinada obra, o una tirada impresa de forma ilícita, es habitual e histórica. Se hace todo el tiempo. Se guillotinan, se trituran, se convierten en pasta de papel o se queman, como amenaza hacer Manuel Borrás con la prensa como testigo de la «infamia». Es doloroso y es poco ecológico, desde luego, pero no es algo que haya inventado Louise Glück ni Andrew Wylie. Son las reglas del juego.

 

Queda claro que la figura del agente literario no es la que cosecha más simpatías dentro de la cadena del libro, y que Andrew Wylie no solamente no se ha opuesto a la imagen pública que proyectan la prensa y los editores, sino que la ha cultivado con esmero. Pero cabe plantearse si las irregularidades del caso, las medias verdades y la respuesta corporativa no han dejado fuera de foco el derecho, no solo legal sino también legítimo, que asiste a Louise Glück para negociar las mejores condiciones en las que se publique su obra.

 

 

 

 

 

Louise Glück: Premio Nobel 2020

Louise GlückLa poeta estadounidense Louise Glück (EE.UU., 1943) ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2020, según ha hecho público la Academia Sueca. El jurado ha destacado «su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual». Glück, profesora en la Universidad de Yale, recibió en 1993 el premio Pulitzer de poesía por El Iris salvaje, su primer libro traducido al castellano y publicado por la editorial Pre-Textos, encargada de editar su obra en España. El último de sus libros es Una vida de pueblo. En palabras del editor Manuel Borrás, constituye «la reivindicación o exaltación de una vida sencilla, natural, la recuperación del sosiego en comunidades pequeñas».

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El libro como interfaz: A. Borsuk

El libro como interfaz: Amaranth Borsuk

Por Amaranth Borsuk

 

Los artistas que experimentaron con libros y sus antecesores utilizaron el códice y un sinnúmero de formas ingeniosas parecidas al libro para llamar nuestra atención hacia los supuestos en torno a la perdurabilidad del libro y a su autoridad, materialidad y permanencia. El libro es una noción que tenemos del texto encuadernado, que sale al mundo gracias al poder de la publicación y que puede adquirir muchísimas formas físicas, según las necesidades en términos de contenido y de lectores, o según los deseos del autor. En esencia, es una interfaz a través de la cual nos encontramos con las ideas. Su materialidad podría no tener nada que ver con su contenido y, sin embargo, cuando sostenemos un libro códice, inconscientemente echamos mano a toda una historia de interacciones físicas, materializadas, que nos enseñaron a reconocerlo y manipularlo. El códice ha alcanzado semejante popularidad porque demostró ser útil como soporte físico portátil y eficiente, apropiado para el cuerpo humano promedio.

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Manuel Borrás: Leer de manera neutral

Manuel Borrás: leer de manera neutralManuel Borrás, editor literario de Pre-Textos, aún era adolescente cuando supo que dedicaría su vida a publicar libros. De visita en la ciudad de Buenos Aires, habló de edición, pedagogía y supervivencia, porque no puede olvidar el día que Elías Canetti lo salvó de la ruina. La entrevista la realizaron los escritores y críticos literarios Diego Erlan, Maximiliano Crespi y Fernando Krapp.

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