Ibargüengoitia en el laberinto

Ibargüengoitia en el laberintoLas muertas arranca con el principio del fin del pequeño imperio prostibulario de las hermanas Baladro, en la imaginaria comarca del Plan de Abajo, en el México de los años ‘60. Un imperio pequeño y provincial, a escala de las grandes organizaciones metropolitanas.

 

Por Ernesto Bottini

 

La historia parte de unos hechos reales, de un suceso criminal de grandes proporciones y virulento seguimiento mediático, altamente sensacionalista y morboso. Pero así como Ibargüengoitia comienza la narración por el momento en el que se inicia la caída en desgracia de las hermanas Baladro y su negocio, también marca desde la primera frase el carácter ficticio del relato: «Podemos imaginar…». Será la imaginación la que componga la fábula y sus personajes, que servirán de elementos contrafactuales al relato social y mediático establecido en torno al caso. Permitirá un contra-relato a la esquemática designación del mal, ampliando el campo de visión y mostrando un entramado de criminalidad y corrupción y responsabilidades que abarca a la sociedad entera. De la personalización maniquea del relato oficial que busca en los agentes del crimen la expiación de la iniquidad colectiva, haciendo trabajar la lógica del «cabeza de turco», al funcionamiento de la maquinaria que demanda y posibilita la contravención. La novela se ocupa de ampliar el foco, de manera que en el cuadro aparezca retratada toda la comunidad, sin caer en el otro tipo de maniqueísmo que amenaza todo relato del crimen: la responsabilidad alícuota.

 

«Podemos imaginar» propone la posibilidad de que las cosas fueran de otra manera, no de otra manera a como «han sido», sino a cómo se «han contado». La imaginación como vía de entrada a una verdad en un sentido más precisa, menos viciada que la propuesta por el relato de lo «real» que reclama su hegemonía desde la prensa y el debate público, cerrándose en la asignación y clasificación de roles fijos, de papeles inalterables cuyos bordes están nítidamente dibujados. El relato del bien y del mal que exige una cultura binaria que proyecta su moralidad de blancos y negros y a la que incomoda o distorsiona cualquier discurso que señale la escala de grises en la que se descompone sus extremos, la inestable zona de grises en la que realmente viven los sujetos que componen la sociedad y su cultura, y que los retrata de una forma mucho más ajustada. Ese binarismo que estimula y alimenta la hipocresía, que no es más que la tabla de salvación discursiva para un mundo que no se puede enfrentar desde la negación de las pasiones y sus laberintos más bien barrocos.

 

Las pasiones políticas y las pasiones eróticas liberan la energía que desbarata el equilibro térmico del sistema en el que se inscribe el negocio de las Baladro, y con ello queda al descubierto una realidad social, económica y moral que poco se parece a la imagen que proyecta la historia oficial. La «pasión» precipita la caída de la organización, introduce lo irracional, el caos del calor que insufla lo pasional en el ámbito frío de las decisiones tendentes a maximizar el beneficio económico. Aquello que pierde a las hermanas Baladro es justamente lo que las hace humanas: «¿Qué culpa tengo yo de haber nacido apasionada?».

 

Y todo ello está montado desde un dominio de la técnica narrativa que es ejemplar: alteración del orden temporal de los acontecimientos que conforman la fábula, descripciones precisas y sugerentes hechas a partir de materiales mínimos, gran capacidad de síntesis y concentración, agilidad en el planteamiento de la peripecia, composición de un collage discursivo eficaz y significativo (heteroglosia, polifonía, paráfrasis...), carnalidad bestial en la construcción de los personajes y diseño de conflictos que entroncan con los arquetipos de la tragedia griega.

 

La combinación de estos elementos (tener algo importante para contar y disponer de las herramientas necesarias para hacerlo), en manos de Jorge Ibargüengoitia, dio como resultado un texto de altísimos vuelos que es considerado de forma unánime como un clásico contemporáneo y novela de referencia en la literatura mexicana actual.