Rincón bibliográfico

La curaduría del arte: Harald SzeemannHarald Szeemann: La historia del arte en primera persona. La curaduría como práctica experimental: lejos de la historia del arte, cerca de su tiempo.

 

Por Jimena Ferreiro

 

Harald Szeemann (1933-2005) es una de las figuras claves que ayudan a comprender los modos en que se expandió y consolidó la práctica curatorial como campo autónomo desde los años 60 en adelante. Szeemann fue mucho más que un curador en su acepción clásica: fue un hacedor de exposiciones como un director de teatro dirige la puesta en escena, un prolífico gestor, un archivista, un editor, un agitador, y especialmente un cómplice de los artistas, como lo afirma Hans Ulrich Obrist en la breve introducción a la entrevista que incluyó en su libro A Brief History of Curating (2011).

 

Leer más: La curaduría del arte: Harald Szeemann

Pretensiones literariasPor Cynthia Ozick

 

No hace mucho, cuando el escritor (literario) Jonathan Frazen fue catapultado a la condición de celebridad, no fue solo porque su novela Las correcciones se hubiera transformado en un best-seller. Fue porque había rechazado la celebridad, la había despreciado, le había vuelto la cara. Era porque consideraba la celebridad un escándalo, un oprobio. Lo avergonzaba. Lo degradaba. Era lo contrario de su deseo. Su deseo era ser admitido entre los artistas, no ser entrevistado por una conductora sentimentalista de un programa popular de televisión.

Leer más: Pretensiones literarias. C. Ozick

El poeta y el lector. L. GlückDiscurso de recepción del Premio Nobel de Literatura 2020.

 

Cuando era una niña de apenas cinco o seis años, organicé una competencia en mi mente, un concurso para decidir cuál era el mejor poema del mundo. Dos poemas resultaron finalistas: «The Little Black Boy», de Blake, y «Swanee River», de Stephen Foster. Me paseaba arriba y abajo por el segundo dormitorio de la casa de mi abuela en Cedarhurst, un pueblo en la costa sur de Long Island, recitando para mis adentros, como prefería, y no en voz alta, el inolvidable poema de Blake, y cantando, también en mi cabeza, la inquietante y desoladora canción de Foster. Cómo llegué a leer a Blake es un misterio. Creo que había algunas antologías de poesía en la casa de mis padres entre los libros más comunes sobre política e historia y las muchas novelas. Pero asocio a Blake con la casa de mi abuela. Mi abuela no era una mujer estudiosa. Pero estaba Blake, Canciones de Inocencia y de Experiencia, y también un pequeño libro con las canciones de las obras de Shakespeare, muchas de las cuales memoricé. En particular me encantaba la canción de Cymbeline, probablemente sin entender ni una palabra, pero escuchando el tono, las cadencias, los imperativos sonoros, emocionantes para una niña muy tímida y temerosa. «Y tu tumba será célebre». Eso esperaba.

Leer más: El poeta y el lector. L. Glück

De la lógica subyacentePor Ernesto Bottini

 

            Recuerda Marc Augé, en El viajero subterráneo, que uno de sus profesores del liceo afirmaba que el alejandrino más bello de la lengua francesa estaba escrito en las puertas del metro parisino:

 

«Le train ne peu partir

que les portes fermées».

 

Leer más: De la lógica subyacente