Vila-Matas: Desactivando la realidad

Vila-Matas, TheEuskadi1, Creative Commons By SAEnrique Vila-Matas (Barcelona 1948) pretendía con París no se acaba nunca llevar a cabo una revisión irónica de sus días de aprendizaje literario en el París de los años setenta. En algún momento dice, citando a Pascal, que “lo último que se encuentra escribiendo una obra es aquello que ha de figurar al principio”. Muy pronto Vila-Matas nos descubre su hallazgo: “la ironía juega con fuego y, al burlar a los demás, a veces acaba burlándose a sí misma”. Es fácil concluir que esa ironía que se burla a sí misma sea tan solo esa mirada entre sarcástica y compasiva que el Vila-Matas maduro arroja sobre el Vila-Matas joven, no obstante, la verdadera ironía que subyace en el texto acaba por prevalecer: la constatación de que el aprendizaje literario es un interrogante que crece a medida que se formula. Leer más: Vila-Matas: Desactivando la realidad

Francisco Pino: Un verbo de altos vuelos

Francisco PinoLa riqueza de Francisco Pino (Valladolid, 1910-2002) nace en su vitalidad sin máscaras, en el todo de su fugacidad. Es por eso que sus lectores, más que admiradores, practican el hondo fervor de la mirada. Así ha pasado su ya larga vida, prendido siempre del brazo de esa enseñoreada y terrible dama que es la poesía, tan vieja y tan joven a un tiempo, tan amada como odiosa, prendido siempre de sus inasequibles contradicciones y paradojas. Es por eso también que fue capaz de desarmarnos con cada una de sus nuevas entregas, de sorprendernos con la autoridad de una escritura situada, sin la menor duda, entre las mejores y más importantes de nuestra poesía. Un poeta que a sus noventa y dos años sigue arriesgando, cuidando hasta el extremo una voz si cabe, más moderna y decidida a cada paso, dueño de unas constantes expresivas que le han llevado, en los últimos años, a exponer soluciones tan excepcionales como delicadamente decididas, siempre preso de un canto que es lectura del mundo, su razón de ser y su único motivo. Un espíritu pertinaz y rebelde, pero musical y medido. Leer más: Francisco Pino: Un verbo de altos vuelos

Adalbert Stifter: Extraña flor en el desierto

Adalbert StifterAdalbert Stifter (1805-1868) es uno de tantos autores centroeuropeos cuya obra oscila entre el desconocimiento y el malentendido. Fuera del ámbito de la lengua alemana es desconocido, y dentro del sistema literario y escolar en alemán es constantemente mal interpretado. Un caso que se asemeja bastante al suyo es el de Leopold von Sacher Masoch, refinado estilista que pasó a la historia designando una patología sexual. La obra de Stifter que presenta la editorial Bartleby, Brigitta (1844), es un ejemplo claro de cómo un texto puede sobrevivir en el seno de una tradición literaria ocupando un lugar equivocado, operando en el canon de acuerdo a funciones que en el propio texto apenas son tangenciales. Este equívoco interesado y rendidor, en el que se empeñan unos cuantos y para el que toda tradición cuenta con una pléyade semejante de propagandistas equiparables, consiste en imponer sobre el texto un tipo de lectura que responde a evidentes intenciones extratextuales. La obra de Stifter tuvo hace unos años un curioso renacimiento en las librerías españolas, donde coincidieron varios de sus títulos (El sendero en el bosque y El solterón en Impedimenta; Verano tardío en Pre-Textos; Abdía en Nórdica). Leer más: Adalbert Stifter: Extraña flor en el desierto

August Strindberg y Per Olov Enquist

Strindberg / EnquistSe presentan en este volumen dos obras teatrales con un denominador común: August Strindberg. La primera le pertenece como autor y la segunda como personaje protagonista bajo la mirada de otro autor: Per Olov Enquist, quien fabula en ella  un imaginario encuentro entre seres reales: el escritor sueco, su ex mujer y la actual compañera de ésta. Strindberg fue un hombre en guerra perpetua contra su amor a la vida. Quería bañarse de humanidad, pero en cuanto sus pies se acercaban a la orilla de otras existencias, sentía –de forma inevitablemente patológica- la corriente fría de un mar glacial. Y una vez más se quedaba sólo. Es curioso que un tipo de este talante haya terminado por hablar tan claramente a la inmensa mayoría aunque, eso sí, de lo que nos habla este individuo es de la parte más dolorosamente privada de nuestra inmensa semejanza. Leer más: August Strindberg y Per Olov Enquist