Haroldo Conti: Cuentos completos

Haroldo ContiLa obra de Haroldo Conti (1925-¿1976?) -pese a su prematura muerte a manos de la última dictadura militar argentina (1976-1982)- constituye un sólido legado literario que la siempre oscilante tradición rioplantense recupera y acomoda según las afinidades del momento. Con Mascaró y Sudeste alcanzó un cierto renombre internacional, principal responsable de que importantes figuras intelectuales de la época interpelaran a sus captores (se cuenta que estuvo secuestrado durante varios meses antes de ser asesinado) para lograr su liberación. De ahí que el prólogo que acompaña los Cuentos Completos publicados por Bartleby Editores en 2008 sea la famosa denuncia firmada por Gabriel García Márquez aparecida originalmente en el periódico El País, en 1981. Ese texto informaba sobre la confesión del crimen y daba cuenta de una preocupación colectiva por esclarecer las circunstancias de su muerte. Leer más: Haroldo Conti: Cuentos completos

Adalbert Stifter: Extraña flor en el desierto

Adalbert StifterAdalbert Stifter (1805-1868) es uno de tantos autores centroeuropeos cuya obra oscila entre el desconocimiento y el malentendido. Fuera del ámbito de la lengua alemana es desconocido, y dentro del sistema literario y escolar en alemán es constantemente mal interpretado. Un caso que se asemeja bastante al suyo es el de Leopold von Sacher Masoch, refinado estilista que pasó a la historia designando una patología sexual. La obra de Stifter que presenta la editorial Bartleby, Brigitta (1844), es un ejemplo claro de cómo un texto puede sobrevivir en el seno de una tradición literaria ocupando un lugar equivocado, operando en el canon de acuerdo a funciones que en el propio texto apenas son tangenciales. Este equívoco interesado y rendidor, en el que se empeñan unos cuantos y para el que toda tradición cuenta con una pléyade semejante de propagandistas equiparables, consiste en imponer sobre el texto un tipo de lectura que responde a evidentes intenciones extratextuales. La obra de Stifter tuvo hace unos años un curioso renacimiento en las librerías españolas, donde coincidieron varios de sus títulos (El sendero en el bosque y El solterón en Impedimenta; Verano tardío en Pre-Textos; Abdía en Nórdica). Leer más: Adalbert Stifter: Extraña flor en el desierto

Vila-Matas: Desactivando la realidad

Vila-Matas, TheEuskadi1, Creative Commons By SAEnrique Vila-Matas (Barcelona 1948) pretendía con París no se acaba nunca llevar a cabo una revisión irónica de sus días de aprendizaje literario en el París de los años setenta. En algún momento dice, citando a Pascal, que “lo último que se encuentra escribiendo una obra es aquello que ha de figurar al principio”. Muy pronto Vila-Matas nos descubre su hallazgo: “la ironía juega con fuego y, al burlar a los demás, a veces acaba burlándose a sí misma”. Es fácil concluir que esa ironía que se burla a sí misma sea tan solo esa mirada entre sarcástica y compasiva que el Vila-Matas maduro arroja sobre el Vila-Matas joven, no obstante, la verdadera ironía que subyace en el texto acaba por prevalecer: la constatación de que el aprendizaje literario es un interrogante que crece a medida que se formula. Leer más: Vila-Matas: Desactivando la realidad

Francisco Pino: Un verbo de altos vuelos

Francisco PinoLa riqueza de Francisco Pino (Valladolid, 1910-2002) nace en su vitalidad sin máscaras, en el todo de su fugacidad. Es por eso que sus lectores, más que admiradores, practican el hondo fervor de la mirada. Así ha pasado su ya larga vida, prendido siempre del brazo de esa enseñoreada y terrible dama que es la poesía, tan vieja y tan joven a un tiempo, tan amada como odiosa, prendido siempre de sus inasequibles contradicciones y paradojas. Es por eso también que fue capaz de desarmarnos con cada una de sus nuevas entregas, de sorprendernos con la autoridad de una escritura situada, sin la menor duda, entre las mejores y más importantes de nuestra poesía. Un poeta que a sus noventa y dos años sigue arriesgando, cuidando hasta el extremo una voz si cabe, más moderna y decidida a cada paso, dueño de unas constantes expresivas que le han llevado, en los últimos años, a exponer soluciones tan excepcionales como delicadamente decididas, siempre preso de un canto que es lectura del mundo, su razón de ser y su único motivo. Un espíritu pertinaz y rebelde, pero musical y medido. Leer más: Francisco Pino: Un verbo de altos vuelos