Rincón bibliográfico

Vallejo centenarioLa poesía en lengua castellana dejó de ser las misma desde la aparición de Trilce, en 1922: fue impreso en los Talleres Gráficos de la Penitenciaría de Lima y costeado con un premio de 20 libras peruanas que César Vallejo (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892-París, 15 de abril de 1938) ganó con el cuento "Más allá de la vida y la muerte", que compartimos por gentileza de Serapis Editora en su libro Escalas, también compuesto en la cárcel.

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O’Brien: Una verdadera historia de guerraCómo contar una verdadera historia de guerra

 

Por Tim O’Brien

 

Traducción de María Rada

 

Esto es verdad.

Tenía un compañero en Vietnam. Se llamaba Bob Kiley, pero todo el mundo lo llamaba el Rata.

Matan a un amigo suyo y, alrededor de una semana después, el Rata se sienta y escribe una carta a la hermana del tipo. El Rata le cuenta que qué gran hermano tenía, la entereza del tipo, un colega y camarada de primera. Un soldado entre soldados, dice el Rata. Luego le cuenta varias historias para que entienda lo que quiere decir: que su hermano siempre se ofrecía voluntario a cosas a las que nadie se ofrecería voluntario en la vida, cosas peligrosas, como ir de reconocimiento o salir en esas patrullas nocturnas tan jodidas. Cojones de acero inoxidable, le dice el Rata. El tío estaba un poco loco, eso seguro, pero loco en el buen sentido, un auténtico temerario, porque le gustaba el reto, le gustaba ponerse a prueba, el hombre contra el amarillo de mierda. Un tipo genial, genial, dice el Rata.

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Sontag: Ante el dolor de los demásCaptar una muerte cuando en efecto está ocurriendo y embalsamarla para siempre es algo que sólo pueden hacer las cámaras, y las imágenes, obra de fotógrafos en el campo, del momento de la muerte (o justo antes) están entre las fotografías de guerra más celebradas y a menudo más publicadas. No cabe duda alguna sobre la autenticidad de lo mostrado en la foto que en febrero de 1968 Eddie Adams hizo del jefe de la policía nacional de Vietnam del Sur, general brigadier Nguyen Ngoc Loan, que dispara a un sospechoso del Vietcong en una calle de Saigón. Sin embargo, fue montada por el general Loan, el cual había conducido al prisionero afuera, a la calle, con las manos atadas a la espalda, donde estaban reunidos los periodistas; el general no habría llevado a cabo la sumaria ejecución allí si no hubiesen estado a su disposición para atestiguarla. Situado junto a su prisionero a fin de que su perfil y el rostro de la víctima fueran visibles a las cámaras situadas detrás de él, Loan apuntó a quemarropa. La foto de Adams muestra el instante en que se ha disparado la bala; el muerto, con una mueca, no ha empezado a caer. Para el espectador, para esta espectadora, incluso muchos años después de realizada la foto..., vaya, se pueden mirar estos rostros mucho tiempo y no llegar a agotar el misterio, y la indecencia, de semejante mirada compartida.

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Oé: La historia se repitePor casualidad, el día anterior al terremoto* escribí un artículo que fue publicado unos pocos días más tarde, en la edición matutina del Asahi Shimbun. El artículo era acerca de un pescador de mi generación que había estado expuesto a la radiación en 1954, durante las pruebas de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini. Escuché por primera vez acerca de él cuando tenía diecinueve años. Más tarde él dedicó su vida a denunciar el mito de la disuasión nuclear y la arrogancia de quienes abogaban por ella. ¿Fue una especie de presentimiento sombrío lo que me llevó a evocar a ese pescador en vísperas de la catástrofe? También había luchado contra las plantas nucleares y el riesgo que representan. Durante mucho tiempo he contemplado la idea de observar la historia reciente de Japón a través del prisma de tres grupos de gente: los que murieron en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, los que fueron expuestos en las pruebas de Bikini y las víctimas de accidentes en centrales nucleares.

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