Los manuscritos de CélineLos manuscritos del novelista Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) que han aparecido este pasado verano en Francia, rodeados de una intrincada historia, contienen varios libros inéditos, uno sobre la Gran Guerra y «La Leyenda del Rey Krogold», y manuscritos íntegros de varias de sus novelas, como «Casse-pipe», que se editó incompleto y que ahora puede recuperarse de forma íntegra. Emmanuel Pierrat, el abogado que custodia este legado recién descubierto, asegura que estas páginas son «el descubrimiento del siglo» y también un gran negocio editorial. La importancia radical de la obra de Céline en la literatura del siglo XX y su pasado colaboracionista prometen un recorrido lleno de polémicas, debates y discusiones en torno al hallazgo y a la publicación de estos manuscritos.

 

 

Por Andreina Flores

 

Corre el mes de junio de 1944. Son los días finales de la Segunda Guerra Mundial y los bombardeos de los Aliados comienzan a sentirse en Francia. El escritor francés Louis-Ferdinand Céline era un conocido colaboracionista del régimen de Vichy, alineado con los alemanes. Autor confeso de tres panfletos anti-semitas que apoyaban al Tercer Reich y despreciaban a los judíos. Al sentir que las tropas norteamericanas desembarcaban en suelo francés y sabiendo que podía ser ejecutado por traición, Céline abandona París. «Tienes una hora para venir con nosotros a Alemania», le dicen sus compañeros, colaboradores también del Mariscal Pétain. Céline hace rápidamente una maleta, toma de la mano a su esposa Lucette, se llevan al gato de ambos en los brazos y parten hacia Berlín. No hay tiempo para recoger manuscritos ni archivos personales. Al escritor francés solo le queda poner sus esperanzas en un pronto regreso para recuperar sus textos. Eso nunca sucederá.

 

Setenta y siete años después, en 2021, la prensa francesa se llena de asombro con una noticia increíble: unas 6.000 páginas escritas de puño y letra de Louis-Ferdinand Céline han sido encontradas de manera absolutamente misteriosa, entregadas por un personaje anónimo al periodista Jean-Pierre Thibaudat, crítico literario y cultural.

 

Su abogado, Emmanuel Pierrat, a su vez escritor y estudioso de la obra de Céline, conversó con LA RAZÓN para relatar –con apasionado detalle– cómo ocurrieron los hechos: «El apartamento de Céline es allanado por la Resistencia, en búsqueda de identidades, direcciones, correspondencia comprometedora de los colaboradores franceses del nazismo. Al hurgar entre los papeles de Céline no encontraron información de sus compañeros de ideología pero sí sabían que los manuscritos del autor tenían un valor importante. Incluso ya en 1944, los franceses reconocían a Céline como un gran novelista y una de los mejores plumas de Francia en el siglo XX, junto a Marcel Proust», relata Pierrat.

 

Estos documentos se guardan entonces en un baúl de madera, escondido dentro de un depósito desconocido por décadas. Los guardianes originales de los textos fueron muriendo a lo largo de los años y sus familias decidieron entregar ese material a alguien confiable: Jean Pierre Thibaudat, periodista del diario «Libération». Pero lo más importante: un hombre conocido por su simpatía por la izquierda y sus relaciones con la resistencia francesa. «Usted está obligado a proteger el secreto de su fuente. Vamos a confiarle estos documentos y usted jamás revelará quienes somos nosotros –le dicen estos donantes secretos–. Pero a cambio, usted se compromete a no publicar estos manuscritos hasta que la viuda de Céline muera.

 

Una viuda maldita

 

¿Por qué esta condición? Para que no ganara ni un céntimo. Era impensable para quienes guardaban con celo esos manuscritos que Lucette Destouches, esposa de Céline, considerada colaboracionista nazi, fugitiva de la justicia francesa al final de la guerra y exiliada en Alemania, se enriqueciera con la publicación de los textos inéditos del escritor. La espera fue larga, pues la señora Destouches murió a los 107 años a finales de 2019. Thibaudat, entonces, ya era libre de mostrar al mundo el tesoro que había guardado durante casi 20 años.

 

El abogado Emmanuel Pierrat entra en escena en ese momento, aunque no estaba del todo convencido: «Thibaudat me contacta, como abogado de derechos de autor y propiedad intelectual y me dice que tiene material de un escritor inmenso y que necesita mi consejo legal. Y me pide hablar’’. Yo sabía que Thibaudat era una persona muy seria pero, al mismo tiempo, como abogado de derechos de autor en el medio cultural, también estoy acostumbrado a recibir llamadas telefónicas de gente delirante que cree haber encontrado una copia desconocida de la Mona Lisa, de Da Vinci en el sótano de su casa. Yo tenía razones para desconfiar», revela Pierrat. Thibaudat llegó a la oficina del abogado con dos enormes maletas, repletas de manuscritos de Céline. Pierrat, quien es escritor y buen conocedor de la obra del autor, entendió inmediatamente que el periodista no era un mitómano sino que decía la verdad.

 

¿Qué hay realmente en esos manuscritos? Hay cuatro grandes grupos de textos, equivalentes a cuatro libros inéditos. El primero es el que Céline llama «Londres», que abarca más de mil páginas y que relata la estadía del escritor en la capital inglesa. Céline había sido herido combatiendo en la Primera Guerra Mundial y luego de ser atendido y curado, fue enviado a la embajada de Francia en Inglaterra para terminar su servicio militar. En este texto, se cuenta la vida de Ferdinand en Londres, una suerte de autobiografía donde el nombre del personaje coincide con el del autor, Louis-Ferdinand.

 

El segundo gran grupo de manuscritos contiene 240 hojas y no tiene título. De hecho, es una historia que comienza en el capítulo 9 y donde falta el principio del relato: los capítulos uno al ocho. Pero son páginas muy importantes porque cuentan la Gran Guerra entre 1914 y 1918: los tiros de mortero, las trincheras, los combates, la vida del soldado. El tono narrativo recuerda el de «Viaje al fin de la noche». El tercer grupo es el manuscrito completo de «Casse-pipe», un libro publicado en 1952 de manera incompleta. En los archivos descubiertos, están los textos inéditos de «Casse-pipe» que vienen a revelar la historia en su totalidad.

 

Y el cuarto conjunto tiene que ver con una leyenda que Céline había versionado: «La Leyenda del Rey Krogold», con un estilo muy diferente al que los lectores conocen del autor. El abogado Emmanuel Pierrat explica por qué este libro nunca vio la luz: «En los años 30, el editor de Céline le dice que ese no es el libro que la casa editorial espera de él y que el texto no será publicado, por lo cual Céline lo guarda celosamente en sus archivos. Sabíamos que existía, sabíamos que el texto estaba en alguna parte y ahora lo tenemos». En el hallazgo destaca el manuscrito de «Muerte a crédito», la precuela de «Viaje al fin de la noche», con anotaciones del escritor, variaciones de la historia y pasajes inéditos. Finalmente hay fotografías, cartas de amor recibidas de distintas amantes, cartas políticas intercambiadas con personajes del colaboracionismo francés, así como contratos, recetas médicas y papeles personales.

 

Los herederos legales de los manuscritos de Céline son dos: el abogado de la familia, François Gibauld, y una vieja alumna de danza de la viuda del escritor, Lucette Destouches. Se trata de Véronique Robert-Chovin, hoy de 69 años, quien ha publicado también varios libros sobre el escritor y su esposa. Es ella quien tiene actualmente los manuscritos en su poder, luego de haber presentado una denuncia por «recel de vol» –la retención de un bien de origen robado– contra el periodista Jean Pierre Thibaudat. La policía judicial y la conservadora de la Biblioteca Nacional de Francia trabajaron en conjunto para confirmar la legitimidad de los manuscritos y ponerlos bajo resguardo antes de entregarlos a la heredera legal. Los documentos están en poder de Chovin apenas desde el mes de julio, mientras decide si se debe o no publicar ese material. El abogado del periodista Thibaudat teme que los manuscritos vuelvan a engavetarse por décadas una vez más.

 

Céline vale millones

 

«Yo estimo que la propiedad material de estos manuscritos tiene un valor de unos 40 millones de euros», calcula el abogado Emmanuel Pierrat. Las referencias de precio son variadas y cambian con los años. El manuscrito de «Viaje al fin de la noche» fue subastado hace 20 años y adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia por un millón ochocientos mil euros. Pero el mercado también puede reducirse por una obligación patriótica. Pierrat asegura que el Estado francés emitirá una prohibición de trasladar estos manuscritos de Céline fuera de Francia. La persona o la institución que los adquiera deberá guardarlos en territorio francés y eso deja fuera a las grandes bibliotecas y museos norteamericanos, que podrían hacer una excelente oferta. Ese escenario puede reducir el precio de venta. También hay que contar la edición de esos manuscritos.

 

La editorial Gallimard ya ha anunciado que está lista para editar estas nuevas páginas. No es difícil imaginar que libros inéditos como «Londres» o «La Guerra» generarán enormes ventas. Pero también habrá nuevas ediciones de «Viaje al fin de la noche», «Muerte a crédito», «Guignol’s band», «Casse-pipe» que incluirían ahora los pasajes inéditos que se han revelado en estos manuscritos. «Hay todo un mercado de edición que se abre a partir de ahora y que pudiera llegar hasta los 80 millones de euros» dice Pierrat. «Después de todo, este es el descubrimiento literario más importante de los últimos dos siglos».

 

Publica La Razón.

 

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Céline sobre su novela Muerte a crédito:

 

Entonces va y se presenta Dënoel, ¡fuera de sí!…

“Pero, oiga, ¡ya es que no entiendo nada! ¡ah! ¡pero es terrible! ¡no es posible! ¡No veo otra cosa que peleas en su libro! ¡vamos derechos al desastre! ¡Ni siquiera es un libro! ¡Ni pies ni cabeza!”.

Si le enseñara yo El rey Lear no vería sino matanzas en él.

¿Qué ve él en la vida?

Muerte a Crédito tuvo por acogida, recuérdese, un fuego de barrera como pocas veces se había visto, ¡por la intensidad, la mala leche y la hiel! Toda la caterva, hasta el último confín, de la Crítica, pero que en pleno, meapilas, masones, judiatas, andobas y chorbos, gafotas, cuchicheones, atletas, lameculos, toda la Legión, toda ahí, en pie, ¡huraña y soltando gilipolleces por la boca!

¡El toque de acoso!

Y después se calmaron, ya veis, ahora Muerte a Crédito está más apreciado que el Viaje. ¡Se nos jala incluso todo nuestro papel! ¡Escandaliza!

Así son las cosas…

“¡Ah! pero, ¡no hay que olvidar los ‘joder’! ¡Groserías! ¡Esto es lo que atrae a su clientela!”.

¡Ah! ¡ya os veo venir! ¡Eso es fácil de decir! Pero ¡hay que colocarlas! ¡Probad, probad! ¡No habla caliente todo el que quiere! ¡Sería demasiado cómodo!

Discuten sobre los puntos suspensivos o que si no… que si es quedarse con el mundo… más luego que si esto y que si lo otro… ¡el tono que se da!… la afectación… etc, ¡y patatín!… ¡y las comas!… pero, ¡nadie me pregunta a mí lo que pienso!… y hacen comparaciones… Yo no soy envidioso, ¡os ruego que me creáis!… ¡Ah! pues, ¡no me la trae floja ni nada! Mejor para los otros, ¡los otros libros!… pero yo, de verdad, no puedo leerlos… Me parecen proyectos, no escritos, muertos al nacer, ni hechos ni por hacer, la vida es lo que les falta…

Tengo que confesaros que mi abuelo, Auguste Destouches se llamaba, practicaba la prosopopeya, era incluso profesor de eso en el instituto de Le Havre, y brillante, hacia 1855.

¡Con eso os hacéis una idea de lo que desconfío yo, atroz! ¡Lo innata que tengo la inclinación!

Poseo todos los escritos del abuelo, sus legajos, sus borradores, ¡cajones enteros! ¡Ah! ¡temibles! Componía los discursos del Prefecto, ¡en un estilo, os lo aseguro, fenomenal! ¡Menudo si tenía seguridad con el adjetivo! ¡Si la bordaba, la florecilla! ¡Nunca un desliz! ¡Espuma y pámpano! ¡Hijo de los Gracos! ¡La sentencia y todo! ¡En verso igual que en prosa! Se llevaba todas las medallas de la Academia.

Los conservo con emoción.

¡Es mi antepasado! ¡Menudo si me conozco yo un poquito la lengua!, ¡y no es cosa de ayer, como tantos y tantos! ¡me apresuro a decirlo! ¡con sus finuras!

Me dejé todos mis “efectos”, mis “lítotes” y mis “pertinencias” en los pañales…

¡Ah! ¡no quiero saber nada de ellos! ¡me matarían! Mi abuelo Auguste está de acuerdo. Me lo dice desde allá arriba, me lo insufla, desde el cielos…

“Niño, ¡sin prosopopeya!”.

El jazz acabó con el vals. El impresionismo mató la luz falsa, ¡o se escribe telegráfico o no se escribe ya!

¡A ver si lo entendéis! ¡Emocionaos! “No son sino peleas todos los capítulos” ¡Que objeción! ¡Que mentecatez! ¡Ah! ¡Cuidado! ¡La chorrada! ¡Presa del ataque! ¡Vuelan parloteos! ¡Emocionad, hostias! ¡Tataratá! ¡Saltad! ¡Vibrolead! ¡Estallad en vuestros caparazones! ¡Hurgaos, chorbos! ¡Destripad! ¡Encontrad el pálpito, hostia puta! ¡Eso es la fiesta! ¡Por fin! ¡Algo! ¡Despertar! ¡Hale, venga! ¡Robots del muermo! ¡Joder! ¡La transposición o la muerte!

¡Más no puedo deciros!

¡Besad a la que os guste más! ¡Si aún hay tiempo! ¡A vuestra salud! ¡Si vivís! ¡Lo demás vendrá solito! ¡Felicidad, salud, gracia y calaveradas! ¡No os ocupéis tanto de mí! ¡poned en marcha vuestros corazoncitos!

¡Será lo que pongáis! ¡la tormenta o la flauta! ¡como en el cielo, como donde los Ángeles!