Últimas notas de Kjell AskildsenEl escritor noruego Kjell Askildsen, considerado uno de los grandes escritores de la literatura europea contemporánea, murió el pasado jueves a los 91 años. La editora noruega Ingeri Engelstad informó que el autor había fallecido en su casa, en Oslo, donde vivía con su esposa, Gina Giertsen. Había nacido el 30 de septiembre de 1929 en Mandal y, con su primer libro (Desde ahora te acompañaré a casa, de 1953), fue a la vez aclamado por la crítica y prohibido por inmoral en las bibliotecas de Oslo, por el contenido sexual. Entre sus obras conocidas en español se destacan Últimas notas de Thomas F. para la humanidad (que obtuvo el Premio de la Crítica en Noruega, en 1983) y Un vasto y desierto paisaje, por la que el autor volvió a obtener el Premio de la Crítica en 1992. En 2004, Askildsen mereció el Premio de la Academia Noruega y, en 2009, el Premio Nórdico de la Academia Sueca.

 

Por Daniel Gigena

 

Publica LA NACIÓN

 

Su obra, que se tradujo a más de treinta idiomas, era muy admirada por escritores argentinos, entre ellos, Rodolfo Fogwill, que prologó Cuentos reunidos. “Efectivamente, es un artista del narrar y ha creado un estilo indeleble -escribió Fogwill-. Puede narrarlo todo y de la mejor manera con personajes sin rostro ni más rasgos físicos que el detalle indispensable, con nombres que se olvidan de inmediato, sin tonos de voz; representando diálogos reducidos al mínimo y muy a menudo sin saltos de párrafo ni comillas; con emociones transmitidas por una palabra o por un impulso a actuar, con climas y estaciones indicadas apenas por la luz o por ínfimas señales del cuerpo o del espacio natural”. El sello Lengua de Trapo también publicó No soy así. Cuentos 1953-1996. “Podría decirse que el contacto con su narrativa modifica la percepción -sostuvo Elvio Gandolfo en LA NACION-. Hay pocos narradores con esa capacidad: Antón Chejov, Thomas Bernhard, Raymond Carver, Stephen King, Alice Munro. Al escritor le bastan tres brochazos para describir un clima, un lugar, un personaje. El trabajo formal es muy preciso”. En 2020, la editorial Nórdica dio a conocer El precio de la amistad. En 2011, Askildsen visitó Buenos Aires, invitado por el festival literario Filba.

 

En su producción, que ha sido caracterizada de misántropa y al mismo tiempo genial, predomina el humor negro, un registro en apariencia distraído y un elenco estable de ancianos escépticos y, a su manera, filosóficos. “Si el texto va a resultar merecedor de ser leído, es la forma la que lo hace merecedor de ser leído, lo que yo he cultivado como autor es la forma”, declaró. Respecto de su predilección por el cuento, Askildsen dijo que escribía “despacio” y que no era épico. “Soy de vía estrecha. Jamás sería capaz de escribir un relato que fuese tan largo como un libro entero. Habría tenido que terminar antes para que no entrasen motivos laterales. Cuando escribo solo hay una historia que se desarrolla, y esa es el relato”. No obstante, publicó varias novelas: El señor Leonard Leonard (1955), El hermano de David (1957) y, en 1969, Entorno, que fue llevada al cine como Maria Marusjka por el noruego Toro Oddvar Tuhus. También tradujo al noruego libros de August Strindberg, Samuel Beckett y Harold Pinter.

 

“El cometido del autor es hacer leer al lector -declaró el autor en 2008, en una entrevista con El País-. No se tiene el derecho a esperar algo del lector. Si consigues que él muerda el anzuelo, también hay que subir el pez del agua. Y entonces mi intención es que el lector en cierta manera sea sinónimo del pez que llega a tierra y se queda coleando y que no necesariamente se lo pase muy bien. Yo deseo crear desasosiego. No me gusta un relato que no crea desasosiego”. Para los lectores que quieran iniciarse en su obra, se recomienda -además de los volúmenes de cuentos reunidos por Lengua de Trapo- Todo como antes (DeBolsillo), edición con tres libros del noruego: Últimas notas de Thomas F. para la humanidad, Un vasto y desierto paisaje y Los perros de Tesalónica.

 

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María

 

Un otoño me encontré por sorpresa con mi hija María en la acera delante de la relojería; estaba más delgada, pero no me costó nada reconocerla.

 

No recuerdo ya por qué estaba yo en la calle, pero tenía que tratarse de algo importante, porque fue después de que la barandilla de la escalera se hubiera roto, así que en realidad ya había dejado de salir a la calle. Pero fuera como fuera, me encontré con ella, y se me ocurrió pensar: Qué casualidad tan extraña que yo haya salido justamente hoy.

 

Pareció alegrarse de verme, porque dijo «padre» y me dio la mano. Ella era la que más me gustaba de mis hijos; cuando era pequeña decía a menudo que yo era el mejor padre del mundo. Y solía cantar para mí, por cierto bastante mal, pero no era culpa de ella, lo había heredado de su madre.

 

«María -dije-, eres realmente tú, tienes buen aspecto». «Sí, bebo orina y soy vegetariana», contestó.

 

Me eché a reír, hacía mucho que no me reía, imagínate, tenía una hija con sentido del humor, incluso con un humor un poco atrevido, quién lo diría. Fue un momento hermoso.

 

Pero me equivoqué, qué fastidio que uno nunca consiga quitarse las ilusiones de encima. Mi hija se quedó como embobada y con la mirada perdida. «Te estás burlando de mí -dijo-, Pero si yo te contara…». «Me pareció haberte oído decir orina», contesté. «Orina, sí, y me he convertido en otra persona». No lo dudé ni un momento, era lógico, debe de resultar imposible seguir siendo la misma persona antes y después de haber empezado a beber orina. «Bueno, bueno», dije en tono conciliador, y con ganas de hablar de otra cosa, tal vez de algo agradable nunca se sabe.

 

Entonces me fijé en que llevaba una alianza y le comenté: «Veo que te has casado». Ella miró el anillo. «Ah, lo llevo sólo para mantener a raya a los pesados». Eso sí que tendría que ser una broma, calculé rápidamente que por lo menos tendría unos cincuenta y cinco años, y tampoco era tan guapa. Así que volví a reírme por segunda vez en mucho tiempo, y en medio de la acera. «¿De qué te ríes?», preguntó. «Creo que me estoy haciendo mayor», contesté, cuando me di cuenta de que me había equivocado una vez más, «conque es así como se hace hoy en día». Ella no contestó, así que no sé, supongo y espero que mi hija no sea muy representativa de los nuevos tiempos.

 

Pero ¿por qué he tenido hijos como ella, por qué?

 

Nos quedamos un instante callados, pensé que ya era hora de despedirse, un encuentro inesperado no debe durar demasiado, pero justo en ese momento mi hija me preguntó si me encontraba bien. No sé lo que quiso preguntar, pero contesté la verdad, que lo único que me molestaba eran las piernas. «Ya no me obedecen, mis pasos son cada vez más cortos, y pronto no podré moverme».

 

No sé por qué le hablé tanto de mis piernas, y ciertamente resultó que no debería haberlo hecho. «Será la edad», dijo ella.

 

«Desde luego que es la edad -contesté-, ¿qué otra cosa iba a ser?». «Pero supongo que ya no necesitas usarlas tanto, ¿no?». «Si tú lo dices -contesté-, si tú lo dices».

 

Al menos captó la ironía, diré eso en su favor, y se irritó, pero no consigo misma, porque dijo: «Todo lo que digo está mal». No supe qué contestar a eso, ¿qué podría haber contestado? Me limité a sacudir la cabeza inexpresivamente, ya hay demasiadas palabras en circulación por el mundo, y el que habla mucho no puede mantener lo dicho.

 

«Bueno, tengo que seguir mi camino -dijo mi hija tras una pausa breve, pero lo suficientemente larga-, tengo que ir al herbolario antes de que cierren. Ya nos veremos». Y me dio la mano.

 

«Adiós, María», dije. Y se marchó.

 

Esa era mi hija. Sé que todo tiene su lógica inherente, pero no siempre resulta fácil descubrirla.

 

Traducción de Kirsti Bagethun