CódigosLa casa de subastas Sotheby’s remató el código original de la World Wide Web, escrito por Tim Berners-Lee, y una obra de Pablo Picasso ligada a un archivo digital único que verifica su autenticidad; el remate es el último ejemplo del interés que están suscitando los NTF en el mundo del coleccionismo. Las tecnologías de encriptamiento y la originalidad de archivos informáticos ya son una realidad de peso en las transacciones comerciales del arte y la cultura.

 

Por Guillermo Vega

Publica La Nación

 

Tim Berners-Lee, padre de la World Wide Web, las tres WWW que permiten navegar por internet, ha vendido el código fuente original de una de las grandes creaciones de la historia de la humanidad por 5,4 millones de dólares. La casa de subastas Sotheby’s fue la encargada de llevar a cabo la venta del token no fungible (NFT, por sus siglas en inglés), es decir, como un archivo digital único, que otorga la propiedad de las 9.555 líneas de código escritas entre el tres de octubre de 1990 y el 24 de agosto de 1991 con las implementaciones de los tres lenguajes y protocolos inventados por Berners-Lee: HTML (lenguaje de marcado de hipertexto), HTTP (hipertexto protocolo de transferencia) y las URL (la dirección que identifica a cada página en internet). El NFT también incluye documentos HTML originales que instruían los primeros usuarios de la web sobre cómo utilizar la aplicación. La puja se abrió el 23 de mayo a 1.000 dólares y en el transcurso del proceso atrajo un total de 51 pujas.

 

“El proceso de sacar a subasta esta NFT me ha ofrecido la oportunidad de mirar atrás en el tiempo, al momento en que me senté por primera vez a escribir este código hace 30 años, y reflexionar sobre lo lejos que ha llegado la web desde entonces, y hacia dónde podría ir en las próximas décadas”, ha expresado Berner’s Lee en un comunicado de prensa. “Estoy encantado de que las iniciativas que Rosemary [su esposa desde 2014] y yo apoyamos se beneficien de la venta de esta NFT”.

 

Esta subasta es el último ejemplo del interés que está suscitando la compraventa de activos digitales, recogidos en los llamados NFT. Estos bienes digitales únicos operan sobre la llamada blockchain y pueden usarse para comerciar con todo tipo de productos virtuales. Se encuentran fundamentalmente en seis sectores: compraventa de arte, sobre todo nativo digital; coleccionables (sellos como los de toda la vida, pero en formato digital); activos relacionados con videojuegos, como intercambios o armas para usar en títulos determinados; metaversos, es decir, compras en mundos digitales al estilo de la extinta página Second Life; deportes, sobre todo de fútbol, NBA y Fórmula 1; y utilities, una especie de cajón de sastre que incluye nombres de dominio o entradas con valor añadido a determinados eventos.

 

Sotheby’s es una de las casas de subastas que más activas se han mostrado en este incipiente negocio. “Todavía estamos en las primeras etapas de nuestra entrada en el mercado de NFT”, asegura a EL PAÍS Matthew Floris, portavoz de la compañía, “pero ya podemos percibir que está ganando impulso. El mercado del arte digital está floreciendo, y nos comprometemos a ampliar nuestra oferta de NFT en el futuro a más categorías, tanto de bellas artes como de lujo. Las posibilidades son enormes”.

 

Sotheby’s, de hecho, ha protagonizado algunas subastas llamativas últimamente. La más reciente es la del cuadro de Pablo Picasso Le peintre et son modèle, de 1964, que se vendió el pasado 29 de junio por 2,25 millones de libras esterlinas (2,61 millones de euros). Lo curioso de este caso es que la casa de remates ha vendido junto con la obra un gemelo digital que asegura su trazabilidad y autenticidad. Para ello, se ha aliado con una empresa que usa un microscopio y un programa de inteligencia artificial para escanear cada micra de la superficie del cuadro y crear una firma cifrada única. Al final de este proceso, la máquina crea un NFT que registra la procedencia de una obra de arte y sirve como referencia para que el escáner reconfirme la identidad de la obra de arte física en cualquier momento en el futuro.

 

“Lo maravilloso de nuestras ventas de NFT”, asegura Floris, “es que, en muchos casos, nos dan la oportunidad de trabajar directamente con los artistas para llevar sus obras a la subasta, un enfoque que también utilizamos en nuestra primera venta NFT con PAK y, más recientemente, en la venta Natively Digital. En abril, la compañía vendió por 14,9 millones la colección The Fungible, del diseñador nativo digital Pak, a la que concurrieron 3.000 interesados, según ArtDaily. El 10 de junio, Sotheby’s adjudicó por 11,8 millones el NFT de una obra de arte digital llamada CryptoPunk. Esta obra la forman 10.000 personajes de pixel art creados por Larva Labs en 2017.

 

“Se trata de un cambio”, prosigue Floris, “en la forma en que tradicionalmente nos relacionamos con las galerías y los vendedores independientes. Para los artistas es muy ventajoso poder vender directamente sus obras a coleccionistas que están disponibles a través de nuevos medios”.

 

**********************

 

Minas, criptas, textos

 

Por Rafael Spregelburd

 

Publica Perfil

 

El portal de Business Insider de México dio cuenta de la decisión de China de prohibir a veintiséis minas de criptomonedas que sigan haciendo eso que se supone que están haciendo. Son muchas suposiciones: que el portal exista, que haya minas que creen valor, o que sepamos si es cierto que los bitcoins se pueden desplomar tan imprevistamente como surgieron. Cayeron un 11% y no sé si es mucho porque no sé cuánto es el 11% de equis.

 

No es la invención de un valor basado sólo en su capacidad de encriptamiento lo que preocupa al gobierno chino; los motivos son ecológicos. Las computadoras que pican la piedra de lo inasible para acuñar criptomonedas consumen una cantidad enorme de energía y China se preocupa por el impacto ambiental de tan esquiva praxis, tan espinosa como el criptoarte. Así como antes un artista podía imprimir una cantidad de copias de sus serigrafías y vender cada una a un precio en relación con el número limitado de reproducciones, el criptoarte supone algo así como la repartición en acciones de una imagen. El comprador tiene acceso a una versión en píxeles y su placer de posesión va ligado a la certeza de que unas computadoras le garanticen que esa imagen no se reproducirá más veces de las prometidas en la compra. Es cierto que si lo llamamos compra la cosa huele a estafa, pero si lo pensamos como donación (coleccionistas actuando como mecenas que hacen posible la vida de artistas emergentes) la estafa presenta su doble filo más inquietante: no importa cuál sea el soporte material de las imágenes, éstas parecen surgir de una mina inacabable que es financiada por el excedente de otras operaciones económicas. Gastar el dinero que no se necesita para la subsistencia primaria en financiar la producción de imágenes.

 

Este cambio de paradigma material proviene –no podía ser de otra manera- del campo de las artes visuales, siempre a la vanguardia en relaciones de poder entre imagen, materia, posesión, frivolidad, placer y evanescencia.

 

¿Pero qué sucederá con las otras ramas del arte y la expresión? Por ejemplo, con las palabras. Pronto también los escritores podrían escribir a pedido o casi de mecenas lectores, que financiarían novelas o poemas entre varios para que su autor no dependiera de las reglas del comercio o del gusto hegemónico. Que algunas bandas de música ya lo hacen no es tampoco novedad, como Einstürzende Neubauten, que produce sus canciones al amparo de donaciones de los fans. Canciones a veces invendibles.

 

La cosa se pone más picante si ahora hemos de considerar que el soporte que permite la difusión virtual del arte consume energía y es contaminante. ¿Habrá que seleccionar qué obras vale la pena producir? Como cuando se tala un bosque para editar un libro y entonces el libro debe ser tan bueno que justifique el hacha.

 

Estamos lejos de desanudar la trama entre arte y mercancía.