La música sabia de Rimbaud

John AshberyJohn Ashbery (1927) leyó por primera vez a Arthur Rimbaud cuando tenía dieciséis años y quedó prendado del tono, la dicción y la musicalidad de su poesía. Pero sobre todas las cosas asumió desde entonces el dictum de su pensamiento poético: "ser absolutamente moderno". Y para Ashbery ser absolutamente moderno significa "el reconocimiento de la simultaneidad de todo en la vida, la condición que hace posible la poesía a cada segundo". Pero también adoptó otra máxima rimbaudiana que marcaría a fuego el pensamiento literario sobre la poesía en el siglo XX: "el poema significa lo que dice, literalmente y en todos los sentidos". Más de sesenta años después de aquel primer deslumbramiento, y más de veinte libros de poesía propios, John Ashbery asumió la tarea de traducir al inglés las Iluminaciones (W. W. Norton & Company, 2011)...

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El arte de programar

Donald KnuthDonald Knuth empezó a escribir El arte de programar ordenadores en 1962 y no ha parado de ampliar esa obra desde entonces. Profesor emérito de la Universidad de Stanford y doctor en Matemáticas, suma ahora el premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Tecnologías de la Información y la Comunicación, concedido por la Fundación BBVA. Algunos se refieren a él como un oráculo o un gurú, aunque Knuth no parece sentirse cómodo con ello: hace veinte años dejó de usar el correo electrónico porque responder a los mails le quitaba tiempo para escribir sus libros. Artista de la programación, dice que los programas de ordenador deberían poder leerse como la buena literatura. XL Semanal.

El lenguaje y el mundo

Ludwig WittgensteinHace cien años comenzaba el periplo filosófico del joven Ludwig Wittgenstein. Partía en tren desde Manchester, abandonando para siempre sus estudios de ingeniería aeronáutica, y se dirigía a Cambridge para presentarse sin anuncio ante uno de los más eminentes filósofos anglosajones, Bertrand Russell. Su propósito era doble: además de su intención de estudiar y discutir con Russell los fundamentos lógicos de la matemática, necesitaba que éste despejase la sospecha, que venía madurando desde hacía tiempo, de que, si poseía talento alguno para algo, era para la filosofía. Y que, de ser así, debía consagrar su vida a ella. El alma más desnuda

Maneras de leer, maneras de pensar

La LecturaNicholas Carr tiene razón: ni siquiera McLuhan podía haber anticipado el banquete que nos iba a proporcionar Internet, una sucesión de platos exquisitos, cada uno mejor que el anterior, sin apenas momentos para recuperar el aliento entre bocado y bocado. Como si eso no fuera suficiente, a medida que las computadoras conectadas se hicieron más pequeñas, hasta convertirse en iPhones y BlackBlerrys, el banquete se hizo móvil. Ahora bien, así como la computadora aniquila cualquier duda con sus recompensas y comodidades, Carr, sin intenciones de venir a arruinarnos la comida, dice que tal vez de ser nuestra sirvienta pasó a ser nuestra ama.

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