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Fuente: DPA

 

Figura clave de la literatura del último siglo, Grass propone que una "instancia internacional" controle de forma "permanente y sin trabas" tanto el potencial nuclear israelí como las instalaciones atómicas iraníes. "¿Por qué he guardado silencio hasta ahora?", se pregunta varias veces Grass en el poema publicado entre otros por "The New York Times" y "El País" de España.

El autor se responde que ha callado para evitar la "condena" de ser acusado de antisemitismo. "Creía que mi origen, marcado por un estigma imborrable, me impedía atribuir ese hecho al país de Israel, al que estoy unido y quiero seguir estándolo".

Grass ya desató una polémica internacional en 2006 al revelar que fue miembro de las Waffen-SS, las fuerzas especiales del régimen nazi, cuando tenía 17 años. El poema publicado hoy volvió a agitar el debate en torno a su figura. La embajada israelí en Berlín inscribió el texto en la "tradición" del antisemitismo europeo y señaló que "Israel es el único país del mundo cuyo derecho a existir se pone públicamente en duda".

El diario alemán "Die Welt" fue más lejos al publicar en portada una foto de Grass con el titular "El eterno antisemita". El escritor es "un prototipo del antisemita formado", señala un artículo. "Siempre tendió a la megalomanía, pero ahora se ha vuelto totalmente estúpido". En el mundo de la política, el portavoz de la canciller Angela Merkel recordó que en Alemania todo artista tiene libertad de expresión, pero que también el gobierno tiene derecho a no comentar algunos temas. El secretario general de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, Hermann Grühe, se mostró "horrorizado tanto por el tono como por el contenido" del poema.
 
Pero también hubo voces de apoyo para el Nobel alemán. Johano Strasser, presidente del Club Pen germano alertó también contra las exportaciones de armas de Alemania a Israel porque "dan la impresión de que la guerra con Irán es inevitable". También Wolfgang Gehrcke, diputado del partido poscomunista La Izquierda, señaló que "Günter Grass tiene razón". El escritor se atreve a decir lo que muchos callan, añadió.



Lo que hay que decir

Por Günter Grass


Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor...

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

 

Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán fue publicado en el diario Süddeutsche Zeitung.

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