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Revista

 

Publica La Vanguardia

 

Por Sergio Vila-Sanjuán

 

Como otras obras de referencia, El gran Gatsby cuenta con una interesante historia editorial.

 

Maxwell Perkins (1884-1947) fue el príncipe de los editores estadounidenses del siglo pasado y aún hoy se le recuerda como la encarnación del editor literario. Desde su despacho de la casa Scribner's apoyó y lanzó a Ernest Hemingway, y convenció a Thomas Wolfe para que redujera sustancialmente la extensión de su primera novela, Look Homeward, Angel, que lo consagró. Pero antes de todo eso fue el descubridor de Francis Scott Fitzgerald, dando paso así a la que que con el tiempo llegaría a conocerse como "Generación Perdida".

 

Con Scott mantuvo una relación intensa. Su primera novela había llegado a editorial Scribner's bajo el título de El egotista romántico y fue rechazada. Perkins la recuperó in extremis, contactó con su autor y le animó a trabajarla más y cambiarle el título. Aparecida finalmente como A este lado del paraíso, marcó la entrada por la puerta grande de su joven autor en el olimpo de las letras USA.

 

También la redacción de El gran Gatsby debió bastante a Max Perkins, y sobre todo a sus críticas, formuladas durante meses sobre las primeras versiones, aún bajo el título de Trimalción en el West Egg. El editor sugirió a Scott que diera una descripción física más extensa del personaje de Jay Gatsby, que en su opinión quedaba desdibujado. Le pidió que intensificara la escena clave en que los personajes convergen en el hotel Plaza de Nueva York. Y le sugerió que fuera más sutil en la revelación paulatina del misterioso pasado del protagonista.

 

El autor le hizo caso (al tiempo que le solicitaba un sustancioso anticipo). Pero al mismo tiempo, los colegas de Perkins en Scribner's le criticaban abiertamente por lo que a su entender era una intervención excesiva en el manuscrito de un escritor, sin precedentes en aquel momento.

 

¿Pueden los editores implicarse tan a fondo en los procesos creativos de sus autores? ¿Deben estos permitírselo? La teoría de Perkins era que el editor no debe imponer, sino ofrecer ayuda experta para guiar un libro "hasta su propia realización". Debe detectar las intenciones del autor y ayudarle a plasmarlas.

 

Tras Perkins, otros editores han querido ir más lejos, y la polémica se prolonga desde entonces. Algunos escritores –sobre todo de la escuela europea– no permiten que nadie les toque ni una coma, mientras otros –sobre todo de la escuela americana– agradecen a quienes se han encargado de sus libros la intervención realizada, especialmente si la obra ha sido un éxito.

 

En la propia Scribner's, los colegas de Perkins, reacios a trabajar el texto junto a los autores, realizaron, sólo diez años más tarde, una edición a fondo del manuscrito de Margaret Mitchell Lo que el viento se llevó. Propusieron una infinidad de correcciones, mejoras y cambios estructurales que la autora sureña aceptó y disciplinadamente aplicó, con el resultado conocido.

 

Maxwell Perkins mantuvo siempre en un altar su amistad con Scott, le ayudó también con la escritura de su otra gran obra, Suave es la noche, y fue su soporte económico y paño de lágrimas hasta el fin de su trágica y fulgurante vida.

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                               Concurso jóvenes talentos                                              Universidad Camilo José Cela