Se dice que el descubrimiento de los sistemas de neuronas en espejo posibilita el viejo sueño de “leer la mente”, lo cual en rigor no es cierto, pero amenaza serlo a fuerza de tanta repetición. Afinando un poco la puntería, el conocimiento actual sobre estas redes neuronales –descubiertas por un grupo de neurocientíficos italianos de la Universidad de Parma en la década de 1980, pero cuyo estudio está cobrando interés más general recién ahora– dice que muchos mamíferos (y los humanos entre ellos) están biológicamente condicionados para identificarse con ciertas acciones de sus congéneres.

 

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¿Cuáles son las neuronas más bellas?

Por Marcelo Rodriguez

A la luz de la resonancia magnética funcional –esas imágenes en las que el cerebro aparece coloreado en diferentes tonos según el grado de actividad en cada área– se ve que los grupos de neuronas que se activan en un primate cuando realiza un movimiento o acción sencilla (tomar una manzana, por ejemplo) también se activan simultáneamente en otro que simplemente observa esa misma acción. Esa suerte de “reflejo” de la propia acción en el otro (y viceversa: del otro en uno) es obviamente lo que llevó a categorizar su funcionamiento como “en espejo”. Pero la cosa fue mucho más allá de la observación de un fenómeno aislado y anecdótico en monos de laboratorio.

GOODBYE, COMPUTER

Primero fue el cerebro, después la computadora. Pero cuando la revolución microelectrónica permitió construir máquinas de cálculo más potentes y precisas, la ambición de obtener un cerebro artificial fue tal que los términos se invirtieron: el cerebro pasó a ser “la mejor computadora”, y su imperfección en tanto sistema informático, lo que nos hace humanos. Bien: es hora de desandar el camino.

¿Qué clase de computadora es ésta que se vale de los mismos dispositivos para realizar una acción y para observarla? (Y para peor, se presume que también para imaginarla).

El enigma desconcertó a quienes pensaban al cerebro como una máquina y fue necesario formular una nueva hipótesis “salvadora”: si es una máquina, pues se trata de una “máquina” con una fabulosa capacidad para imitar. Y aún más: para imitar sin procesos demasiado complicados, porque (una vez más) los sistemas de neuronas en espejo se activan por igual con la acción propia y con la acción ajena. De hecho, estos sistemas –que no están compuestos por neuronas especiales sino que es su función la que las distingue, y que no se encuentran en una sola parte del cerebro sino en varias– recibieron en principio el apodo casi peyorativo de neuronas “mono vemono hace”. Hoy dentro de la psicopedagogía estos “espejitos de colores” están llevando a replantear la importancia de la imitación en el proceso de aprendizaje, y “explican” desde el punto de vista neurobiológico, por ejemplo, la razón por la que los chicos parecen incorporar las actitudes reales que observan en sus mayores, mucho más que lo que éstos pretenden dejarles como enseñanza.

Así, transformados en soporte de una sorprendente capacidad innata para identificarse corporalmente en la acción del otro, las neuronas en espejo se convirtieron de pronto en un argumento capaz de refutar complejas teorías de la mente que, desde el psicoanálisis hasta la perspectiva cognitivoconductual, conciben a la acción como resultado de complejos procesos de interpretación y elucubración psíquica. Y todo será más sencillo aún –dicen– cuando aparezcan fármacos de acción más específica sobre estos nuevos targets neurobiológicos. ¿Será así de sencillo?

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

En abril de 2010, en el marco de un programa de investigación financiado por los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), se reportó por primera vez la observación de varios sistemas de neuronas en espejo en el cerebro humano, mediante estimulación magnética transcraneal.

Uno de los integrantes del equipo, el neuropsiquiatra italonorteamericano Marco Iacoboni, visitó a principios de este año la Argentina para un encuentro que organizó el grupo Adineu en la Academia Nacional de Medicina. Allí Iacoboni se manifestó más entusiasmado justamente ante las preguntas que, tal vez por su tufillo “psi”, parecían irritar a una audiencia más amiga de los paradigmas biomédicos: ¿Qué implicaciones tendría este conocimiento en la psicología de las masas? ¿Tendrán que ver con ellas las relaciones de liderazgo o de sometimiento que las personas establecen entre sí? ¿Qué pasa con las neuronas en espejo cuando uno se mira a sí mismo al espejo?

Respuestas, pocas. La posibilidad de controlar conductas “violentas” o “antisociales” está en el foco de interés: “Sería muy complicado, porque hay que admitir que de alguna manera, éstas forman parte de la libertad humana”, fue la respuesta en este punto.

TE ADIVINO LA INTENCION

¿Y lo de “leer la mente”? Iacoboni dijo que hay experimentos cuyos resultados habilitan a pensar que las neuronas en espejo también se activan en procesos de predicción de las intenciones del otro. Fundamentalmente en acciones tendientes a objetivos.

No estamos “condenados” por naturaleza a imitar, lo cual implica la existencia de mecanismos directos de inhibición de estos procesos imitativos. Y éstos responden a la memoria y a la información previa. Las neuronas que se activan al ver un brazo tomar una manzana no lo hacen cuando lo ven hacer el mismo movimiento pero contando con la información previa de que la manzana no está. En resumen: existen neuronas que, contando con cierta información previa, se activan ante la intención del otro, lo que para quienes gustan de títulos rimbombantes, significa que es posible leer el pensamiento.

Pero el panorama es variado: algunas neuronas en espejo sí se activan ante acciones simplemente parecidas a las observadas; otras, en cambio, son más sensibles a las imágenes auditivas. Etcétera.

Resumiendo, una interpretación filosóficamente pesimista de estos fenómenos asignaría a las acciones humanas un grado de automatismo e inconciencia mayor que el tolerable para nuestro orgullo. No un inconsciente con leyes propias y sensible al mito como propuso Freud, ni un inconsciente poético como el del Romanticismo, sino simplemente una imposibilidad (o mejor, una inutilidad) de pensar, porque sería previo a todo pensamiento: surge de mecanismos biológicos que funcionan en otras especies y en bebés con pocas horas de vida. Una interpretación más optimista apuntaría tal vez a la evidencia de que se piensa con todo el cuerpo; que la sede de la conciencia no puede ser sólo un cerebro, sino que es un cuerpo en el mundo, en circunstancias espaciotemporales determinadas y en relación con los demás.


Las neuronas espejo. Entrevista a Vittorio Gallese

Cuando miramos al mundo en nuestro derredor distinguimos fácilmente entre objetos y seres animados y, dentro de estos últimos, somos capaces de percibir intencionalidad a través de la dirección de sus movimientos o sus miradas. Gran parte de ello se debe al procesamiento de nuestro sistema visual, que por varias vías paralelas capta diversos aspectos de las imágenes e integra todo finalmente, digamos, en un cuadro de conjunto. Pero dicho sistema, a pesar de su riqueza y complejidad, no basta. A falta de un homúnculo tenemos unas neuronas que se activan tanto cuando se ve una acción como cuando se realiza. No es ya que se activen ante estímulos visuales (también acústicos) y al realizar actos motores (valga la redundancia). Eso ya lo hacen otras neuronas, denominadas canónicas, conspicuamente. Lo que caracteriza a estas otras neuronas, bautizadas muy apropiadamente como neuronas espejo, es que se activan selectivamente al percibirse determinados movimientos biológicos intencionales en otros, y al realizar los mismos el observador, en su papel de actor.

La cosa da para especular largamente. Parece que las neuronas espejo podrían estar en la base de nuestra sofisticada cognición social, al ser el presupuesto neuronal imprescindible del entendimiento del otro. La simulación interna de los movimientos ajenos sería también un mecanismo de imitación y por tanto de aprendizaje. El ser agentes y pacientes dotados de individualidad dentro de una sociedad, el ser yoes que interactúan, le debería mucho asimismo a nuestro conocimiento interno de las acciones que realizan otros como acciones separadas de las nuestras, pero esencialmente idénticas.

Las neuronas espejo se encontraron primeramente en macacos. Fue el llamado grupo de Parma, compuesto por Giacomo Rizzolatti, Vittorio Gallese y Leonardo Fogassi, el que dio con estas neuronas, si bien no enteramente por casualidad. Estaban, como dice Gallese, preparados para ello.

Fuente: desdeelexilio.com

1. Usted participó en el descubrimiento de las neuronas espejo. ¿En cuántas especies se han encontrado? ¿Qué rasgos anatómicos y funcionales las distinguen de otras neuronas?

Descubrimos las neuronas espejo en el verano de 1991 en macacos, en un sector del córtex premotor ventral llamado área F5. Después las descubrimos también en una parte del lóbulo parietal inferior conectada recíprocamente con F5. No estábamos buscando neuronas espejo. El descubrimiento fue casual. Pero lo que digo siempre es que no fue casualidad que las descubriéramos nosotros, porque estábamos preparados para verlas. En efecto, estábamos buscando propiedades visuales en el sistema motor, ¡una empresa más bien poco ortodoxa en aquellos años! En pocas palabras, las neuronas espejo son neuronas motoras, así que se activan cuando el mono ejecuta, con manos, boca o ambas, actos motores voluntarios relacionados con un fin, como asir, manipular o colocar objetos. La novedad de nuestro hallazgo fue que las mismas neuronas motoras se activaban también cuando el mono observaba parecidos actos motores ejecutados por otros individuos. Ulteriores estudios de nuestro grupo demostraron que las neuronas espejo responden también cuando el acto motor ejecutado por otro individuo puede solamente ser imaginado por el mono, o cuando sólo están disponibles las consecuencias auditivas de la acción ejecutada por otros. Sobre la base de estas propiedades propusimos que las neuronas espejo hacen posible una comprensión directa de las acciones ajenas mapeando su descripción sensorial (visual y auditiva) en un formato motor. Por todo lo que sabemos, las neuronas espejo no tienen rasgos morfológicos peculiares; son simplemente neuronas piramidales. Lo que hace de las neuronas espejo lo que son no es, pues, su morfología sino sus propiedades funcionales, que, a su vez, son el resultado de las conexiones específicas que estas neuronas mantienen con otras neuronas del cerebro del macaco. Las neuronas espejo se han documentado hasta ahora en macacos y en aves canoras. Pruebas indirectas pero convincentes indican que también en el cerebro humano existen ciertamente neuronas dotadas de propiedades similares.

2. Con los años las neuronas espejo han recibido amplia publicidad, y se las ha visto como el santo grial de la Psicología. Tenemos presentes las palabras de Ramachandran cuando dijo: “las neuronas espejo harán por la Psicología lo que el ADN hizo por la Biología”. Hoy se usan las neuronas espejo para explicar el lenguaje, la cognición social, la moralidad, la empatía… ¿Podría usted explicarnos, en términos sobrios, el papel exacto que desempeñan las neuronas espejo en las ciencias de la conducta? ¿Se ven específicamente afectadas en alguna enfermedad neurológica o psiquiátrica?

En ciencia no hay santos griales. En primer lugar debe subrayarse que lo que distingue a las neuronas espejo de otros tipos de neuronas son simplemente sus propiedades funcionales. Mejor que hablar de neuronas espejo deberíamos tal vez hablar de mecanismos de espejo materializados en neuronas localizadas en distintas regiones del cerebro. La relevancia de los mecanismos espejo en tantos aspectos diferentes de la cognición social no surge de una dotación específica de estas células neurales, como si las neuronas espejo fuesen “neuronas mágicas”, por así decir. Las neuronas espejo derivan sus propiedades funcionales de las conexiones entrada-salida específicas que mantienen con otras poblaciones de neuronas del cerebro. Sin embargo, no son simplemente un caso de mecanismo asociativo hebbiano. Lo peculiar de las neuronas espejo es el hecho de que una descripción visual de una conducta motriz observada dada se mapea al formato neural motor que hace posible la ejecución de esa misma conducta motriz.

Debería añadir que no hay que confundir el resultado de investigación científica seria con las trivializaciones y sensacionalismo a veces aparentes en cómo cubren la ciencia los medios de comunicación. Creo que sería justo decir que en los seres humanos los mecanismos de espejo materializados en neuronas corticales están, ciertamente, involucrados en una forma directa de comprensión de la conducta de los otros, que abarca acciones, emociones y sensaciones. Parece también que en los seres humanos los mecanismos de espejo entervienen en las conductas imitativas y el aprendizaje por imitación. Finalmente, las neuronas espejo —y el sistema motor en general— intervienen en el procesamiento del lenguaje. Hasta qué punto tiene esto relación causal con la comprensión del lenguaje es una cuestión abierta, en la que están trabajando muchos grupos de investigación en el mundo. De modo parecido, es una cuestión abierta hasta qué punto una disfunción, un desarrollo defectuoso o una modulación emocional alterada de los mecanismos de espejo podrían intervenir en transtornos de la cognición social como el autismo o la esquizofrenia. Los resultados preliminares en estos campos de investigación, aunque están lejos de ser concluyentes, son ciertamente muy alentadores.

Las neuronas dotadas de propiedades de espejo y el mecanismo funcional que describe su actividad, la simulación incorporada, intervienen en tantos aspectos de la cognición social porque la activación de los múltiples circuitos paralelos cortico-corticales en los que se materializan las propiedades de espejo cimienta un aspecto fundamental de la cognición social, a saber, las conexiones multinivel y la reciprocidad entre individuos dentro de un grupo social. Estas conexiones tienen su raíz filogenética y ontogenética en la compartición social de experiencias situadas de acción y afecto. El mecanismo de espejo proporciona la base neural de esta compartición. La simulación incorporada y las neuronas espejo no pueden, ciertamente, dar completa y detallada cuenta de nuestras elaboradas capacidades de cognición social. Sin embargo, creo que los mecanismos incorporados en los que interviene la activación del sistema motor, de los que son parte las neuronas espejo, sí tienen un papel principal en la cognición social, incluído el lenguaje. Un segundo mérito de esta hipótesis es que hace posible basar la cognición social en el dominio experiencial de la existencia, que depende tanto de la acción.

3. En un artículo reciente (Lingnau, Gesierich y Caramazza 2009) Caramazza y sus colegas no hallaron ninguna evidencia favorable a la existencia de neuronas espejo en el cerebro humano mediante efectos de adaptación mediante imaginería de resonancia magnética funcional (IRMf). ¿Es esto sólo un desacuerdo metodológico o en verdad impugna la idea de las neuronas espejo?

Parafraseando a Shakespeare, yo diría Mucho ruido y pocas nueces. Las afirmaciones de Caramazza son totalmente injustificadas, ya que surgen de un trabajo que sufre de varios problemas que socavan su credibilidad. En primer lugar, usa una técnica —la adaptación neural o supresión por repetición— inadecuado para probar (o refutar) la existencia en el cerebro humano de neuronas dotadas de ciertas propiedades funcionales. Según Logothetis (probablemente una de las autoridades científicas más influyentes en este campo) y colaboradores (véase Bartels et al., Trends in Neuroscience 2008), “la presencia o ausencia, medida usando IRMf, de adaptación en un área, por tanto, no permite inferir concluyentemente ni la presencia ni la ausencia de la propiedad neural en cuestión”. De ahí que “su uso para inferir y cartografiar propiedades de poblaciones neuronales parece cuestionable” (Bartels et al. 2008, p. 448). Así pues, el método de la adaptación neural aplicada a la IRMf tiene problemas, aun cuando se aplica correctamente. En el caso del trabajo de Caramazza ni siquiera era este el caso: el tipo de estímulos elegido y las razones para usar este método eran completamente erróneas. Además, no hay evidencia en el mono de que la exposición repetida a acciones ejecutadas por otros habitúe la respuesta de las neuronas espejo.

En segundo lugar, sobre fundamentos epistemológicos, la evidencia negativa no prueba inequívocamente la ausencia de una cierta propiedad.

En tercer lugar, otros trabajos en los que se ha empleado el mismo método han llegado a conclusiones opuestas, esto es, la existencia de neuronas espejo en el cerebro humano (ver Chong et al., Curr. Biol. 2008).

En cuarto lugar, una impresionante cantidad de evidencia empírica obtenida con métodos tan distintos como TEP, IRMf, EEG, MEG, EMT [tomografía de emisión de positrones, imaginería de resonancia magnética funcional, electroencefalografía, magnetoencefalografía, estimulación magnética transcraneal] y estudios conductuales y neuropsicológicos realizados en individuos sanos así como en pacientes sugieren la existencia en el cerebro humano de neuronas dotadas de propiedades de espejo.

En quinto lugar, las conclusiones de Caramazza y sus colegas tienen muy poco sentido evolutivo. Me resulta difícil entender por qué un mecanismo neural que demostró ser adaptativo y útil, y así está aún presente, en aves y macacos debería haber desaparecido en los seres humanos. Dicho esto, a pesar de los evidentes tropiezos y fallos metodológicos del trabajo de Caramazza, lo que encuentro de verdad perturbador en este asunto es la gratuita búsqueda por parte de Caramazza de primeras páginas y de un escándalo científico. Las afirmaciones de Caramazza no me afectan en absoluto. Confío también en que más tarde o más temprano se encontrará evidencia de neuronas espejo en seres humanos al nivel de neuronas individuales. En definitiva, me temo que todo esto redundará en contra de la reputación científica de Caramazza.

4. Desde el descubrimiento de las neuronas espejo ha construido usted y perfeccionado un modelo, la hipótesis de la variedad compartida, para explicar la intersubjetividad desde el punto de vista de la comprensión humana de la intencionalidad y la naturaleza relacional de las acciones con objetos. La intersubjetividad así entendida se ve apoyada por los mecanismos de acoplamiento implementados por el sistema de neuronas espejo. Esto significa que la comprensión de las acciones ajenas opera exclusivamente en el nivel sub-personal, lejos, digamos, del nivel personal y de principios, deliberativo-cognitivo, que es una mera respuesta de resonancia…

¿Cómo podemos explicar la facilidad con la que normalmente entendemos lo que está en juego cuando interactuamos con otras personas? Propuse la idea de “variedad compartida” para caracterizar lo que ocurre cuando presenciamos las acciones de otros, o una conducta manifiesta que expresa las sensaciones y emociones que experimentan. Básicamente, describe nuestra capacidad de acceso implícito y directo al mundo experiencial del otro. Creo que el concepto de empatía debería extenderse (como vio originalmente Edith Stein) para acomodar y dar cuenta de todos los distintos aspectos de la conducta expresiva que nos permiten establecer un vínculo significativo con otros. El término “variedad compartida” captura esta noción ampliada de empatía. Abre la posibilidad de dar una explicación unificada de aspectos importantes y posibles niveles de descripción de la intersubjetividad. Intenté deliberadamente no usar el término “empatía” porque sistemáticamente induce malentendidos, sobre todo por sus diferentes connotaciones en diferentes contextos. La variedad compartida puede describirse a tres niveles diferentes: un nivel fenoménico, un nivel funcional y un nivel sub-personal.

El nivel fenoménico es el responsable de la sensación de similaridad —de ser parte de una más amplia comunidad social de personas como nosotros— que experimentamos siempre que encontramos a otros. Al confrontar la conducta intencional de otros, experimentamos un estado fenoménico específico de sintonía intencional. Este estado fenoménico genera la peculiar cualidad de familiaridad con otros individuos, producida por el colapso de las intenciones de los otros en las del observador. Este parece ser un componente importante de lo que significa ser empático.

El nivel funcional puede caracterizarse en términos de simulaciones incorporadas de las acciones que vemos o las emociones y sensaciones cuya expresión observamos en otros. Precisamente el mismo sustrato neural que se activa cuando se ejecutan acciones o se experimentan subjetivamente emociones y sensaciones se activa también cuando otros ejecutan o experimentan las mismas acciones, emociones y sensaciones. Siempre que nos encontramos con alguien, reconocemos implícitamente su similaridad con nosotros, porque, literalmente, la incorporamos. Un mecanismo funcional subyacente común —la simulación incorporada— media nuestra capacidad de compartir con otros el significado de acciones, intenciones, sentimientos y emociones básicos, proporcionando así la base de nuestra identificación y nuestras conexiones con otros. Mi modelo de la simulación incorporada, de hecho, está impugnando la idea de que la psicología folk es la única que da cuenta de la comprensión interpersonal. Antes y por debajo de la lectura de la mente está la intercorporeidad como la principal fuente del conocimiento sobre los otros que adquirimos directamente. Mediante un formato isomórfico podemos mapear las acciones de otros en nuestras propias representaciones motrices, así como las emociones y sensaciones de otros en nuestras propias representaciones visceromotrices y somatosensoriales. Esto es lo que quiero decir con simulación incorporada. Propongo que la simulación incorporada es un mecanismo funcional crucial para la empatía. Debaría también añadir que el término “representación” se usa aquí de manera muy diferente a su significado corriente en la ciencia cognitiva y la filosofía analítica clásicas. Refiere a un tipo particular de contenido, generado por las relaciones que nuestro sistema cerebro-cuerpo situado e interactuante instancia con el mundo de otros. Este contenido es prelingüístico y preteórico, pero sin embargo tiene atributos que normalmente se atribuyen en exclusiva al contenido conceptual.

El nivel subpersonal se instancia como la actividad de una serie de circuitos neurales espejo. La actividad de estos circuitos neurales espejo, a su vez, está estrechamente acoplada a cambios multinivel en estados corporales. Hemos visto que las neuronas espejo instancian un espacio compartido multimodal para acciones e intenciones. Datos recientes muestran que redes neurales análogas trabajan en la generación de espacios compartidos multimodales sensoriales y emocionales “nos-céntricos”. En palabras más sencillas, cada vez que nos relacionamos con otras personas habitamos automáticamente un espacio nos-céntrico, dentro del cual explotamos una serie de certidumbres implícitas sobre el otro. Este conocimiento implícito nos permite entender directamente qué está haciendo la otra persona, por qué lo está haciendo y cómo se siente respecto a una situación específica.

Debe añadirse que la noción de espejos neurales y el mecanismo funcional relacionado, la simulación incorporada, no implican que lo que se refleja y simula en el cerebro del observador haya de ser una réplica exacta del objeto que lo origina. La metáfora del espejo es, tal vez, desorientadora. Cuanto más estudiamos los mecanismos de espejo más aprendemos sobre su plasticidad y su dependencia de la historia personal y la naturaleza situada del “sujeto que refleja”. Por ejemplo, se ha mostrado que tendemos a resonar más con acciones con las que estamos familiarizados, con acciones que sabemos realizar. Las neuronas espejo en los seres humanos muy probablemente constituyen una parte importante de lo que llamamos “memorias implícitas”, al menos en la medida en que tales memorias son el resultado de nuestros encuentros sociales con otros. Si esto es correcto, podemos formular la hipótesis de que diferentes rasgos de personalidad se correlacionarán con distintos patrones de actividad de espejo.

El descubrimiento de las neuronas espejo muestra claramente que la cognición social no es sólo metacognición social, esto es, pensar explícitamente sobre los contenidos de la mente de otro por medio de representaciones abstractas. Podemos ciertamente explicar la conducta ajena usando nuestra elaborada y compleja capacidad de mentalizar. Lo que quiero decir es que la mayor parte del tiempo, en nuestras interacciones sociales, no necesitamos hacerlo. Tenemos un acceso mucho más directo al mundo experiencial del otro. Esta dimensión de la cognición social está incorporada, en el sentido de que media entre nuestro conocimiento experiencial multimodal de nuestro propio cuerpo vivido y la manera en que experimentamos a otros.

Por tanto llamo a la simulación “incorporada”; no sólo porque se realiza en el cerebro, sino también porque usa un modelo corporal preexistente en el cerebro y por tanto involucra una forma no proposicional de autorrepresentación que nos permite también compartir (al menos en algún grado) lo que otros están experimentando. La simulación incorporada no está confinada exclusivamente al dominio del control motor, sino que constituye una dotación más básica y general de nuestro cerebro. Se aplica no sólo a acciones y emociones, en las que pueden predominar los componentes motores o visceromotores, sino también a sensaciones como la visión o el tacto. En verdad fuimos los primeros en mostrar que las mismas áreas corticales activadas por la experiencia de ser tocado en el propio cuerpo se activan también al presenciar la experiencia táctil de otros. Antes y por debajo de la lectura de la mente está la intercorporeidad, la resonancia mutua de conductas sensorio-motrices intencionalmente significativas, como fuente principal del conocimiento sobre los otros que adquirimos directamente.

Deberíamos tal vez abandonar la visión cartesiana de la primacía del Ego y adoptar un punto de vista que subraye el hecho de que el Otro está dado co-originalmente con el Yo. Ambos, Yo y Otro, parecen estar entretejidos a causa de la intercorporeidad que los enlaza. La intercorporeidad describe un aspecto crucial de la intersubjetividad no porque ésta esté filogenética y ontogenéticamente fundada en una mera similaridad entre nuestro cuerpo y el cuerpo de los otros, sino porque nosotros y los otros compartimos los mismos objetos intencionales y nuestros sistemas motores situados están cableados de manera similar para lograr similares objetivos.

Esto, por supuesto, no da cuenta de todas nuestras capacidades cognitivas sociales. Por supuesto, ¡JAMÁS hemos afirmado que las neuronas espejo expliquen completamente la cognición social! Nuestras capacidades de lectura mental más elaboradas requieren probablemente la activación de extensas regiones de nuestro cerebro, ciertamente mayores que un putativo Módulo de Teoría de la Mente específico de dominio, como sostiene la explicación cognitiva corriente de la mentalización. Además, no estamos seguros ni de que estas estructuras cerebrales estén específicamente dedicadas a la lectura de la mente ni de los mecanismos neurofisiológicos que soportarían esa postulada especificidad.

Los estímulos sociales pueden ciertamente entenderse sobre la base de la elaboración cognitiva explícita de sus aspectos contextuales y de información previa. Este mecanismo explícito de mentalización y la simulación incorporada no son mutuamente excluyentes. La simulación incorporada está basada en la experiencia, mientras que el segundo mecanismo es una descripción cognitiva de un estado de cosas externo.

5. ¿Cómo realiza el sistema de neuronas espejo la tarea de distinguir entre la representación de uno mismo y las representaciones de los otros?

Aunque es en verdad cierto que las neuronas espejo se disparan tanto si la acción es ejecutada como si es percibida, también es cierto que la intensidad de su respuesta no es la misma en estas dos diferentes situaciones. En promedio, la descarga motriz que muestran las células espejo durante la ejecución de la acción es significativamente más alta que la evocada por la observación de una acción similar ejecutada por otros. Más en general, debe subrayarse que la simulación incorporada no implica que experimentemos a los otros de la misma manera que nos experimentamos a nosotros mismos. La relación de identidad Yo-Tú constituye solamente una cara de la moneda de la intersubjetividad. Como propuso Edmund Husserl, el padre de la fenomenología, y recientemente ha vuelto a recalcar Dan Zahavi, es la alteridad del otro para garantizar la objetividad que normalmente atribuímos a la realidad. Nuestra experiencia vivida (Erlebnis) del mundo “externo” está determinada por la presencia de otros agentes sentientes.

Debe hacerse notar que el carácter de alteridad de los otros tal como los experimentamos también se mapea en el nivel neural subpersonal, porque los circuitos corticales que trabajan cuando nosotros actuamos no se solapan completamente, ni muestran la misma intensidad de activación, que cuando otros son los agentes y nosotros somos los testigos de su acción. La misma lógica se aplica también a las emociones (véase Jabbi et al. 2008) y las sensaciones (véase Blakemore et al. 2005). Por ejemplo, Jabbi et al. (2008) han mostrado recientemente que sentir repugnancia subjetiva, observar la expresión facial de repugnancia de otra persona y leer un relato sobre repugnancia comparten la activación de la ínsula anterior y del córtex cingulado anterior. Sin embargo, cada una de estas distintas y diferentes situaciones fenoménicas se correlaciona también con la activación de un conjunto específico de otras áreas corticales. Lo que comparten las tres diferentes condiciones es una red cortical básica cuya activación permite atribuir a esas situaciones fenoménicas el mismo contenido: la repugnancia. Es mediante la simulación incorporada como puede reconocerse la repugnancia, sin importar quién ni cómo la esté experimentando.

6. ¿Mediante qué mecanismos somos capaces de detectar al otro como un agente, dotado de intenciones y sentimientos? ¿Cómo leemos las mentes de otros? ¿Cómo cree usted que evolucionó la capacidad de atribuir deseos, conocimientos e intenciones a otros individuos? ¿Cómo se manifiesta en otras especies?

No tenemos un modelo neurocientífico claro de cómo pueden los seres humanos entender las intenciones y otros estados mentales que promueven la conducta de otros a los que observan. Lo que tenemos es una serie de estudios de imaginería cerebral que muestran la activación de un conjunto de regiones corticales (áreas frontales mesiales, unión temporoparietal, etc.) durante las tareas de mentalización explícita. Nadie, hasta la fecha, ha sido capaz de proporcionar explicaciones convincentes de por qué esas áreas específicas se activan durante la mentalización, ¡aparte de la afirmación tautológica de que la lectura de las mentes está implementada en esas áreas cerebrales! Lo que tenemos es sólo una mera correlación.

Una acción dada puede originarse en muy diferentes intenciones. Suponga que alguien ve a otra persona asiendo una taza. Con toda probabilidad se activarán neuronas espejo para el asir en el cerebro del observador. Un simple mapeo motor entre la acción observada y su representación motriz en el cerebro del observador, sin embargo, sólo puede decirnos cuál es la acción (es un asir), pero no por qué ha ocurrido.En un estudio de IRMf (Iacoboni et al. 2005) pedimos a los sujetos que observasen tres clases de estímulos: acciones de una mano que ase sin contexto, sólo contexto (una escena que contenía objetos) y acciones de una mano que ase integradas en contextos. En esta última condición el contexto sugería la intención asociada al asir (o beber o limpiar). Las acciones integradas en contextos, comparadas con las otras dos condiciones, produjeron un incremento significativo de la señal en la parte posterior de la circunvolución frontal inferior y el sector adyacente del córtex premotor ventral donde se representan las acciones de la mano. Así pues, las áreas espejo premotoras —áreas activas durante la ejecución y la observación de una acción—, que antes se consideraba que intervenían sólo en el reconocimiento de la acción, en realidad intervienen también en la comprensión del “por qué” de la acción, esto es, la intención que la promueve. Determinar por qué se ejecutaba la acción A (asir la taza), esto es, determinar su intención, puede ser equivalente a detectar el objetivo de la acción subsiguiente inminente y aún no ejecutada (digamos, beber de la taza).

Como queda dicho arriba, a diferencia de la mayor parte de la literatura de imaginería cerebral sobre la lectura de las mentes, creemos que podemos explicar por qué se activan las áreas premotoras dotadas de propiedades de espejo cuando atribuímos a otros intenciones motrices básicas. De hecho, un gran paso adelante en la investigación de las neuronas espejo de los macacos fue el descubrimiento de que las neuronas espejo parietales no sólo codifican el objetivo de un acto motor ejecutado u observado, como asir un objeto, sino que también discriminan actos motores idénticos (como el asir) según el objetivo final de la acción en la que el acto se integra (por ejemplo, asir un objeto para llevarlo a la boca o a un contenedor, véase Fogasi et al. 2005). Las neuronas espejo mapean secuencias integradas de actos motores relacionados con fines (asir, sostener, traer, colocar) de modo que se obtienen diferentes secuencias, encadenadas en paralelo, de actos motores ensamblados adecuadamente para alcanzar un estado final más distante. Cada acto motor integrado parece estar facilitado por el ejecutado previamente, reorganizándose a sí mismo para mapear el cumplimiento del objetivo más amplio.

En suma, creo que estos resultados muestran que, cuando nos vemos expuestos a las acciones ejecutadas por otros o al modo en que expresan las emociones y sensaciones que experimentan, no partimos necesariamente de una descripción sensorial opaca de una conducta dada que ha de interpretarse singularmente y analizarse lógicamente con nuestro aparato cognitivo — y no incorporado. En muchas situaciones de la vida cotidiana, la conducta de los otros es inmediatamente significativa porque activa un vínculo directo con nuestra propia experiencia vivida situada de las mismas conductas, por medio del procesamiento de lo que percibimos de los otros (sus acciones, emociones, sensaciones) a los mismos ensamblajes neurales que presiden nuestras propias instanciaciones de las mismas aciones, emociones y sensaciones. Por supuesto, esto proporciona solamente una explicación tentativa de los aspectos más básicos de la cognición social, pero a la vez puede proporcionar un interesante punto de partida para estudiar nuestras capacidades cognitivas más elaboradas desde un nuevo punto de vista, un punto de vista radicalmente diferente de la aproximación, abstracta, desencarnada e impulsada por el lenguaje, del cognitivismo clásico.

Atenderé ahora a sus preguntas sobre los aspectos evolutivos de la cognición social humana: ¿cómo evolucionó, de dónde viene? La visión tradicional en la ciencias cognitivas prefigura una nítida distinción entre todas las especies no humanas, que están confinadas a la lectura de la conducta, y nuestra especie, que supuestamente emplea un nivel diferente de explicación: la lectura de la mente. Sin embargo, no es en absoluto obvio que la lectura de la conducta y la lectura de la mente constituyan dos dominios autónomos. Como he dicho antes, en nuestras transacciones sociales rara vez recurrimos a actos interpretativos explícitos. La mayor parte del tiempo, nuestra comprensión de las situaciones sociales es inmediata, automática, y casi refleja. Por tanto, pienso que es absurdo afirmar que nuestra capacidad para la atribución explícita de estados mentales es todo lo que hay en la cognición social.

Como he dicho antes es aún menos obvio que, entendiendo las intenciones de los otros, empleemos una estrategia cognitiva sin ninguna relación para predecir las consecuencias de su conducta observada.

La aproximación “todo o nada” de las ciencias cognitivas a la cognición social, su búsqueda de un Rubicón mental cuanto más ancho mejor, es muy discutible. Al intentar entender nuestras capacidades social-cognitivas, no deberíamos olvidar que son el resultado de un largo proceso evolutivo. Es por tanto posible que estrategias cognitivas aparentemente diferentes estén soportadas por mecanismos funcionales similares, que en el curso de la evolución adquieren creciente complejidad y son exaptadas para soportar capacidades cognitivas recién emergidas de la presión ejercida por un cambio en las constricciones sociales y/o ambientales. Antes de extraer conclusiones firmes sobre las capcidades de mentalización de las especies no humanas, deberían examinarse cuidadosamente cuestiones metodológicas relacionadas con los entornos y las capacidades sociales espontáneas específicas de especie. Ciertamente se ha mostrado, en contraste con lo que muchos estudiosos mantuvieron durante décadas, que primates no humanos (monos incluídos) están dotados de la capacidad de entender el significado intencional de la conducta ajena basándose en indicios conductuales visibles.

Una fructífera estrategia alternativa que apoyo plenamente es enmarcar la investigación de las bases neurales de la cognición social en una perspectiva evolutiva. La evolución de este rasgo cognitivo parece estar relacionada con la necesidad de tratar con las complejidades sociales que surgieron cuando individuos que vivían en grupos hubieron de competir por recursos escasos e irregularmente distribuídos. Los datos empíricos sobre neuronas espejo en monos y circuitos espejo en el cerebro humano sugieren que algunas de las muy desarrolladas capacidades de mentalización típicamente humanas —como el atribuir intenciones a otros— podrían ser el resultado de un proceso evolutivo continuo, cuyas fases antecedentes pueden seguirse hasta el sistema de mapeo en espejo de los macacos.

7. ¿En qué trabaja ahora?

Estamos actualmente investigando la organización neurofisiológica de la ínsula de los macacos mediante microestimulación intracortical y registros de neuronas individuales. A pesar de que en los humanos la ínsula resulta activada en una enorme variedad de tareas, que abarcan desde la repugnancia y la empatía por el dolor a la experiencia estética y la toma de decisiones, se sabe muy poco sobre su organización funcional. Una exploración exhaustiva de la ínsula en monos puede proporcionar datos útiles que pueden ayudar a interpretar los datos humanos.

En seres humanos estamos explorando la relevancia de los mecanismos de simulación incorporada en nuestra comprensión del lenguaje, en la experiencia estética y en la psicopatología del autismo y de la esquizofrenia mediante IRMf, EEG de alta densidad, EMT y paradigmas conductuales estándar.

8. ¿Cuál es su máximo reto intelectual? ¿Que misterio soñaría usted con desvelar?

Quiero en primer lugar apuntar una cuestión metodológica. Pienso que deberíamos en verdad intentar centrarnos más seriamente en la naturaleza de los sujetos de nuestras investigaciones. La mayor parte de lo que sabemos sobre los aspectos neurales de la cognición social (con pocas excepciones que corresponden al estudio del lenguaje) ¡deriva de estudios de imaginería cerebral realizados sobre estudiantes de psicología del mundo occidental! Aun con las tecnologías presentes, podemos hacerlo mucho mejor. No sabemos —o, en el mejor de los casos, sabemos muy poco— hasta qué punto los resultados de los experimentos de imaginería cerebral se correlacionan con rasgos específicos de personalidad, género, experiencia profesional y similares. En suma, deberíamos pasar de la caracterización de un nada realista “cerebro social promedio” a una caracterización de grano mucho más fino.

En segundo lugar, me gustaría entender qué papel tienen exactamente los mecanismos incorporados en la semántica y en los aspectos sintácticos del lenguaje. Toda nuestra psicología folk está basada en el lenguaje. ¿Cómo cuadra esto con el enfoque incorporado de la cognición social? Para mí, es una cuestión candente.

En tercer lugar, pienso que deberíamos intentar diseñar estudios en los que pueda trazarse una correlación entre patrones particulares de activación cerebral y experiencias subjetivas cualitativas específicas. Soy consciente de que tratar con estados subjetivos es asunto delicado, del que hasta ahora la ciencia empírica ha intentado permanecer alejada, tal vez por algunas buenas razones. Pero en principio debería ser posible diseñar cuidadosamente paradigmas experimentales bien controlados y bien adaptados para romper los límites de los estados fenoménicos subjetivos. El proyecto sería el de “fenomenologizar” la neurociencia cognitiva.

En cuarto lugar, si la tarea de la neurociencia cognitiva es arrojar luz sobre lo que significa ser humano, nuestra disciplina debe abrirse a un diálogo y confrontación con otras disciplinas como la filosofía, la antropología y la sociología. Una neurociencia cognitiva social madura no puede limitarse a escanear cerebros en un laboratorio. Debe estar abierta a las contribuciones de todas estas disciplinas. Soy bastante optimista. Veo un futuro de diálogo estimulante y constantemente creciente entre la neurociencia cognitiva y las humanidades.