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Antoine D'Agata: La mirada al margen
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Antoine D'Agata. Foto: Marcelo Aurelio.En Camboya -un viaje del que temió no volver y que le dejó marcado para siempre-, en Ucrania, México o Brasil... este fotógrafo de la agencia Magnum se sumerge en el lado oscuro del mundo. Antoine D'Agata se declara fiel a un espíritu punk que descubrió ya en su juventud en Marsella. Allí nació en 1961, pero pronto comenzó con una vida errante que lo llevó a Nueva York -donde estudió Fotografía de la mano de dos maestros, Larry Clark y Nan Goldin- o a los territorios más marginales de América Latina. Afirma que sigue siendo el joven anarquista de antaño, con un matiz importante: puede que haya mucho de autodestrucción en su vida, en su trabajo, pero ha abandonado la «belleza de la destrucción» para tratar de edificar algo. Se lo debe a esos marginados que forman parte de su vida y que aparecen en sus instantáneas. En Magnum desde 2004, declara que pertenecer al gran templo del fotoperiodismo le ha traído más problemas que beneficios. Se ve más como un infiltrado que como parte de un colectivo de élite.

 

 

Publica XL Semanal

 

Por Daniel Méndez

 

Su discurso, en un castellano más que decente, está plagado de silencios, pero son solo pausas reflexivas. Cuando abre la boca, habla sin tapujos. Eso sí, cuando ríe, y lo hace a menudo, nunca suelta una carcajada. Su rostro dibuja una sonrisa dolorida, marcada por años de 'mala muerte' y 'mala noche', como rezaban los títulos de aquellos primeros libros.

XLSemanal. Ha escrito que las únicas fotos que existen de verdad están en archivos policiales o en álbumes familiares. ¿Y las suyas?

Antoine D'Agata. Yo, a mi propia manera, siempre traté de llegar a ese nivel de fotografía inocente. Trato de perder el control de lo que hago. Trato de no pensar demasiado. Siempre he querido que la fotografía mantenga un nivel de accidente y he buscado siempre las maneras más diversas de hacerlo. En los últimos años incluso lo he hecho dando la cámara a gente diversa que encuentro en el camino. Así, yo me convierto en un personaje de mis propias fotos. [Guarda silencio, pensativo]. Creo que durante todos estos años he buscado siempre el momento en que la vida supera a la fotografía, y por eso cada vez me he situado más dentro del cuadro fotográfico.

XL. En este proceso, ¿cuánto hay de autobiográfico?

A.D. Todo y nada. Es un poco contradictorio. Quiero que mi trabajo sea cada vez más sincero, íntimo. No quiero fotografiar situaciones si no soy actor de las mismas en todos los niveles. Y al mismo tiempo creo que mi trabajo nunca fue más ambicioso desde el punto de vista documental.

XL. ¿Autobiografía y fotografía documental no están reñidas?

A.D. No. Lo que busco no es hacer mi diario, sino crear una fotografía que sea lo más justa posible. Tradicionalmente se ha abusado mucho de la posición neutra del fotoperiodista. Yo busco una fotografía lo más llena y compleja posible. Es un posicionamiento muy militante sobre lo que tiene que ser la fotografía documental. Es también un manifiesto político, trato de enseñar de otra manera la experiencia de todas esas clases marginadas que no tienen control sobre su propio destino.

XL. En cierto modo, nos muestra lo que no queremos ver.

Antoine D'AgataA.D. Sí, pero nunca tuve la tentación de hacer reportaje porque nunca pensé que mi 'rollo' fuera enseñar a la gente de un determinado entorno mediático cultural lo que pasa en el mundo. Mi 'rollo' es vivir mi propio camino y documentarlo de la manera más profunda. Por eso, en mi trabajo es importante dejar espacio para hablar del cuerpo, de la muerte, de problemas más existenciales. Después, si esas fotos molestan, no me preocupa.

XL. Ha dicho que, de no haber sido fotógrafo, estaría muerto.

A.D. No lo sé. Pero sí es cierto que la fotografía me ayudó mucho. Nunca quise cambiar mi vida ni traicionar los ideales que mantengo desde los años setenta. De ese movimiento punk, esa experiencia muy fuerte e intensa que viví en ese submundo de la noche... En mi caso especialmente en Centroamérica, buscando otros niveles de conciencia por los medios más marginales. La fotografía me ha permitido no abandonar esa dirección de la vida, pero construyendo al mismo tiempo una visión del mundo. Y eso da mucha fuerza, abre muchas puertas y te da la energía y la confianza para acercarte a lugares que dan miedo.

XL. ¿Llevaría la misma vida sin una cámara en la mano?

A.D. Creo que llegué a cierto equilibrio entre la fotografía y mi propia vida. Por ejemplo, hace casi un año que no hago fotos. He estado muy cansado, muy vacío. Y no hago fotos, pero sigo regresando a los mismos lugares con la misma gente. Si de la experiencia no salen fotografías, no importa. Los últimos cinco años no quise exponer ni publicar, y he podido permitirme hacerlo.

XL. Aunque creo que está revisando sus fotos con vistas a un libro que las reúna todas...

A.D. Es otra razón por la que no puedo trabajar mucho ahora. Estoy trabajando en una exposición en París y en el libro, donde quiero confrontar dos visiones muy estructuradas del mundo. Es un trabajo muy pesado y difícil. Lo veo más como un año de limpieza, de poner orden. Creo que fui tan lejos en la noche que me dio miedo de no ser capaz de regresar y que nadie supiera poner las piezas en orden.

XL. ¿Qué pasó en Camboya? Parece que hay un antes y un después.

A.D. En realidad, no se trata solo de Camboya. Hay muchos lugares marcados por la violencia social, el narcotráfico global, que está inventando nuevas sustancias... Ahora se habla de una molécula que vuelve a la gente caníbal. Hay una influencia en algunas partes del mundo que realmente lleva a la gente muy lejos... Estoy convencido de que esa es la causa más grande de esta violencia, de esa locura. Por eso, me interesa tanto este mundo. No es solo un experimento personal. Es una preocupación por el estado del mundo, y quiero verlo y sentirlo desde dentro. Y compartirlo con los que lo están viviendo, sufriendo y cargando con ello. Con los que son víctimas de ese fenómeno. Hay un mundo económico que funciona con unas reglas muy duras; pocos dirigentes y muchas víctimas. Y hay mucha gente que crece fuera de ese sistema que no tiene ni la oportunidad de sufrir. Está excluido y tiene que construir una vida como puede: con las armas, con las drogas, con el sexo... Esas comunidades perdidas son un territorio que está lleno de sentido para mí, de un sentido muy simbólico. Es un reto muy fuerte.

XL. Está en Magnum desde 2004. ¿Cómo cambia la vida entrar en la gran agencia?

A.D. En realidad, muy poco. Yo lo veo así: no tanto como una comunidad de fotógrafos, sino como un lugar muy duro que me hizo endurecerme más. Me hizo más fuerte.

XL. ¿Por qué?

A.D. Es un territorio muy estratégico para mí. Porque yo estoy poniendo en cuestión toda la fotografía documental, y Magnum es el lugar ideal para hacerlo.

XL. ¿Pretende acabar con la agencia?

A.D. ¡Algo así! Si quieres destruir una religión, mejor hacerlo desde dentro de su iglesia. Para mí es muy importante poner en cuestión muchas de las cosas que Magnum representa. Y por eso quiero quedarme allí. Hasta ahora estar en la agencia me trae solo problemas, ¡pero vale la pena!

XL. ¿Representa usted el espíritu punk de la fotografía actual?

A.D. No, porque aunque sea mi influencia vital, yo estoy tratando de construir algo. Creo que mi trabajo trata de mostrar algo, trato de hacer que el mundo no se olvide de que eso existe.

XL. ¿Cuánto queda hoy de ese romanticismo inicial del que tanto habla?

A.D. Debo decir que nada. Pero creo que no perdí nada de la ternura inicial. Aunque a veces vivo situaciones muy violentas con esa gente, siempre hay un amor, una ternura... Veo tanta belleza en la gente que fotografío por muy dañada que esté. Solo retrato gente que me seduce con su belleza. No es romanticismo. Pero creo que sigo caminando por la noche buscando gente a la que querer.

XL. ¿Le sorprende que personas en situaciones tan duras se dejen retratar?

Antoine D'AgataA.D. La cámara puede ser un instrumento de poder, de opresión, de control... Pero también puede ser una oportunidad, una puerta que se abre. Ahora estoy trabajando con vídeo. Las últimas semanas estuve trabajando en Europa, un ambiente muy distinto al que estoy acostumbrado. Estuve en un night club de Ucrania con chicas que trabajan por mucho dinero, comparado con lo que se ve en Camboya, pero en un sistema muy mafioso donde se crean las mismas relaciones de confianza. Estoy grabando a algunas de estas chicas que me hablan... en un lenguaje que no entiendo, y lo hacemos sin traductor. No sé lo que me están contando. Lo traduzco después. He grabado ya a unas 20 chicas. Resulta que esa cámara, ese micrófono, abre un espacio pequeño donde caben muchas historias brutales, que necesitan exteriorizar porque las están destruyendo. Algunas chicas me hablan durante horas sin que yo haga ninguna pregunta.

XL. ¿Tiene algo de terapia?

A.D. No, porque nadie está buscando curarse o salvarse. Simplemente están tratando de existir otra vez de una manera un poco más digna de lo que su realidad cotidiana les permite.

 

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