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El último río de Leopoldo María Panero
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Leopoldo María Panero“La poesía, es verdad, no es nada en sí misma; muchas veces lo he dicho: no es nada sin la lectura. Es por eso que el gnomo hispánico se siente en la necesidad de descifrar la poesía, rebuscando en ella la presencia de un contenido objetivo. Olvida, sin embargo, que la lectura poética debe ser subjetiva: y, como descubriera Chomsky, el alma está antes que las palabras, lo que de paso nos libra de otra lectura científica, que sería la lectura estructural”. Ha muerto el poeta, narrador y traductor Leopoldo María Panero (1948-2014), oscuro daimón de la poesía española contemporánea y una de las voces más líricamente perturbadoras de las letras hispanas.


Entender la poesía *

Por Leopoldo María Panero

(Comentario de Wassily Kandinsky, Punto y línea por el plano)

La poesía, es verdad, no es nada en sí misma; muchas veces lo he dicho: no es nada sin la lectura. Es por eso que el gnomo hispánico se siente en la necesidad de descifrar la poesía, rebuscando en ella la presencia de un contenido objetivo. Olvida, sin embargo, que la lectura poética debe ser subjetiva: y, como descubriera Chomsky, el alma está antes que las palabras, lo que de paso nos libra de otra lectura científica, que sería la lectura estructural.

Lo mismo que el dibujo o la pintura, el poema es una creación, como bien se dice; no es una reproducción fotográfica de la realidad objetiva: así, afirma Kandinsky, un dibujo puede ser bueno “independientemente de que contradiga a la anatomía, a la botánica o a cualquier otra ciencia” (Kandinsky, De lo espiritual en el arte). Del mismo modo, la poesía o la literatura modernas pueden ser buenas o malas, independientemente de que contengan un buen o mal mensaje. Como descubriera el primer Mallarmé, a quien imito, un poema es una creación en el vacío, y no tiene otra regla que sí mismo.

Del mismo modo que un cuadro no es bueno por ser “exacto en sus valores”, como afirma el ya citado pintor ruso, el verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía se parece así al lenguaje coloquial, y es, como aquél, una destrucción del lenguaje, una negación de la gramática.

Por el contrario, la retórica y la gramática son una interpretación del lenguaje, una ficción arbitraria, por tanto, de un lenguaje coloquial cuya única regla es la más feroz anarquía. Y es que, si el lenguaje no fuera libertad, jamás hubiera evolucionado, y estaríamos todavía emitiendo microfonemas como en el indoeuropeo, que, al no estar todavía lejos de la boca primitiva, consiste sólo en sílabas. Porque el lenguaje, si es creación de la boca, es creación del hombre, y no demora exterior a él. Es por ello que, contra lo que afirma Deleuze, no hay dualidad entre comer y hablar. Del mismo modo que el manjar, la poesía es algo objetivo, por mucho que este algo sea bello, y he aquí lo que la hace independiente o, como se dice, abstracta, lo mismo que la escultura o la pintura modernas. Ahora bien, en esta abstracción o independencia es donde está el riesgo del poema, del que ya nos hablaba Derrida: “Todo verdadero poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo”. He aquí el verdadero golpe de dados que hace de la poesía una invención de lenguaje, esto es, una destrucción de aquél si tomado como cosa muerta o fetiche.

En fin, tanta palabra sólo pretendía justificar el hallazgo, por cierto, sorpresivo, de que algunos de mis poemas no valen. The craft so long, como diría alguien, life so short. Me refiero concretamente al poema “Homenaje a Catulo”, de Teoría, en donde un verso, “El culo de Sabenio está cantando”, se entiende dificultosamente incluso como poesía, esto es, como aquello que, moderno o no, tiene por fin el lenguaje como música para el oído.

En aquel poema, yo, joven aún como Plebas el fenicio antes de morir, creía aún en la inspiración, en la “bestia de la inspiración”, como luego la llamé. Si ahora lo volviera a escribir, diría: “El odio de Sabenio (el culo) es música”, esto es, el odio nos ofrece un poema. Porque la fuente de mi inspiración ha sido siempre el odio, el odio a la realidad y a la vida, cuya destrucción acrisola el lenguaje. Así Mallarmé, otro “mal poeta”, llega a decir: “O bords siciliens d’un calme marécage, qu’a l’envie du soleil ma vanité saccage”. “Oh playas sicilianas de tranquila marea, que ante el sol envidioso mi vanidad saquea”: lo que en otras palabras quiere decir que la literatura, y en especial la llamada literatura moderna o de vanguardia, desfigura o deforma la realidad, si es que aquella no era ya bastante horrenda.

La literatura es la ciencia de la realidad devenida insoportable.

* En ABC, 26 de marzo de 1988.

 

 

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