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Maiakovski en los Estados Unidos
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Vladimir MaiakovskiEl 14 de abril de 1930 en Moscú, en su estudio de la calle Lubianski, de un balazo en el corazón disparado con una pistola Máuser, se apagó el volcán poético que fue Vladimir Vladimirovich Maiakovski. Contradictorio, furibundo, valiente, ingresó con paso decidido en el panteón de los escritores suicidas, aquellos que no pueden sobrellevar el devenir del mundo y por eso se empeñan en transformarlo. Los que generan otro mundo que termina excluyéndolos. Los fatales extremistas de la soledad. En 1922 había escrito: "Provistos de amor nacemos todos/ pero el trabajo,/ el dinero,/ y todo lo demás,/ nos va secando el suelo del corazón". América, publicado por Gallo Nero, relata el viaje que hiciera Maiakovski a los Estados Unidos en 1925: un punto de vista único entre los viajeros de la época.


Publica El País (Uruguay)

Futurismo de ayer

Por Álvaro Ojeda

Pero antes que sonara la Máuser, se practicó sobre el poeta la clásica y persistente tarea de acorralamiento anterior a la purga o al gulag, en la que Stalin era un maestro consumado: se le negó la visa para viajar fuera de la URSS, se lo maltrató desde la prensa oficial por su marcado carácter "individualista". Es posible que la feroz disputa que mantuvo con su amante Veronika Polonskaia fuese el detonante del suicidio. También es posible que esa disputa se debiera a la omnipresencia en la vida íntima del poeta de Lila Brick, la musa inspiradora de buena parte de su poesía amatoria. Lo cierto es que en 1930 Maiakovski era un paria, un disidente, un hombre muerto. En 1935, Lila Brick le envía una carta a Stalin solicitándole una suerte de revalorización revisionista de la obra del poeta. Stalin ordena al director del NKVD, el servicio secreto de la URSS: "Camarada Yezhov, ocúpese de la carta de Brick. Maiakovski sigue siendo el mejor y más talentoso de los poetas de la época soviética. La indiferencia a su legado cultural es un crimen. En mi opinión los reclamos de Brick son justificados."

Son lágrimas de cocodrilo. Boris Pasternak, disidente y futuro Premio Nobel de Literatura de 1958, declaró respecto a la orden dada por Stalin: "Ese comentario le valió a Maiakovski una segunda muerte en algunos círculos, en particular artísticos." No le fue mejor a Maiakovski con León Trotski, el símbolo del antiestalinismo, exiliado en Turquía desde 1929 luego de su expulsión de la URSS. En un ambiguo elogio fúnebre declaró: "Realmente era ante todo un poeta, un artista, que se alejó del mundo antiguo sin romper con él. No llegó a integrarse completamente en la revolución. A eso se debe la ausencia de armonía interior, la falta de disciplina de su verso y lo desmedido de sus imágenes." La leyenda cuenta que Stalin tenía en un cajón de su escritorio, una advertencia escrita de puño y letra que rezaba: "No mates a Maiakovski".

Los poetas verdaderos siempre estorban al poder, incluso al poder derrotado. Ese mismo poeta se topó en 1925 con el poder antagónico al soviético, el de los Estados Unidos y, actuando de la única manera que conocía, fue honesto con lo que vio y lo dejó consignado para siempre en varios textos recién publicados por Gallo Nero de Madrid.

Vida, futurismo, revolución. Maiakovski había nacido en Bagdadi, Georgia -era paisano de Stalin- el 19 de julio de 1893. La muerte de su padre en 1906 lo dejó sin posibilidad alguna de costearse sus estudios. Fue dado de baja de la escuela de Kutaisi, la segunda ciudad de Georgia después de su capital Tiflis, no sin antes presenciar algunas demostraciones socialistas que no olvidaría. A los 15 años se afilia al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia -los futuros bolcheviques- y al año siguiente sufre la primera de tres detenciones en la cárcel de Butirki en donde comienza a escribir poesía tras largas lecturas del Nuevo Testamento, único libro permitido. No se conserva ninguno de estos poemas: debió comérselos para evitar ser castigado.

En 1911 mientras estudia en la Escuela de Arte de Moscú llama la atención de David Burliuk que lo escucha y, sobre todo, lo ve recitando sus poemas. Cuenta Maiakovski en su Autobiografía escrita y publicada en 1922: "Pienso en Burliuk con un amor constante. Un amigo maravilloso. Mi verdadero maestro. Fue Burliuk quien hizo de mí un poeta. Me leía a los franceses y a los alemanes. Me ponía libros delante de las narices. Paseaba conmigo y hablaba interminablemente. No me soltaba un metro. Me daba cada día 50 kopeks. Para que pudiese escribir sin morirme de hambre." En 1912 redacta junto a Burliuk "Bofetada al gusto del público", el manifiesto futurista ruso que enaltecía los símbolos del progreso: dinamismo, velocidad, inquietud maravillosa de la vida urbana. Una mezcla exaltada de vigor frenético y canto a la tecnología, que oscilaba entre el discurso maquinista del poeta italiano Filippo Marinetti (1875-1944) y el deslumbrante sensualismo del yanqui Walt Whitman (1819-1892). Al respecto escribió Maiakovski: "Exposiciones, Discusiones públicas. Discursos rabiosos de David (Burliuk) y míos. Los periódicos empezaron a llenarse de futurismo. En un tono no demasiado cortés. A mí me llamaban sencillamente: hijo de puta."

Inmerso en la tradición rusa de enseñanza de la lengua por medio de la declamación dramática, Maiakovski estrena en San Petersburgo en 1913 un monólogo escrito, dirigido y actuado por él mismo con un título denotativo: Vladimir Maiakovski: tragedia. Sus condiciones de agitador cultural, propagandista histriónico de la revolución comunista, actor y testigo de su tiempo, encontraron en el teatro una forma expresiva adecuada al gusto popular. Acaso sea Misterio Bufo de 1918, representada por primera vez en 1921, su legado ideológico. Los personajes llamados "sucios" -los proletarios- vencen a los "limpios" -la burguesía-, remarcando la ortodoxia comunista.

Entre 1919 y 1921 ya establecido en Moscú y volcado a su trabajo de vocero de la revolución, trabaja en la Agencia Telegráfica de Rusia diseñando carteles, afiches, historietas. Está en su salsa. Consigna en su Autobiografía: "Hago giras por las fábricas con el Misterio Bufo y otras cosas, de los camaradas y mías. Nos reciben alegremente. En la región de Viborg se crea un comité futurista y editamos El arte de la Comuna -el Diario del Comisariado de Educación Nacional de Petrogrado-, las Academias se tambalean." Mientras tanto su obra poética se multiplica. Su poema 150 millones escrito entre 1919 y 1920 es torrencial. Posee 1.700 versos en cascada, con una disposición gráfica que representa el turbión de las masas revolucionarias. No obstante Maiakovski es capaz de un lirismo poderoso, de una exaltación de la belleza que supera la simple propaganda y sublima al lector o al oyente que lo escuchaba declamar: "la rotativa de los pasos/ sobre el papel de las plazas/ ha impreso esta edición."

Hasta en la poesía amatoria logra conjugar la militancia política con la emotividad. En un poema de 1915 dedicado a Lila Brick escribe: "Y ahora debo salir hacia el oeste/ hacia allí caminaré/ hasta que tus ojos lloren/ bajo la rúbrica de/ `desaparecidos`/ escrita en pequeños caracteres." Sin embargo algunas fisuras aparecen en el muro de la felicidad de los pueblos. Arte soviético, arte popular, futurismo. Ecuaciones sin resolver para el artista que reclama y defiende su independencia como creador. Refiriéndose al año 1918 escribe: "La República Rusa Socialista, Federativa, Soviética a la cabeza salvo en el arte. Y yo la tengo precisamente en el arte." Ese hombre exitoso y proteico, vocero casi oficial de la revolución, viajará a los Estados Unidos en 1925, cinco años antes de suicidarse.

Itinerarios. Con traducción y someras notas a cargo de Olga Korobenko, América es la primera edición en español de los textos que Maiakovski escribió durante su viaje y estadía en América del Norte. No obstante la trascendencia de la primicia la información es escasa. En la contratapa se lee: "En el apogeo de su gloria el poeta ruso Vladimir Maiakovski deja Moscú para ir a América. Un viaje soñado pero interrumpido y aplazado muchas veces debido a las dificultades para obtener el permiso de entrada. El viaje durará tres meses, de julio a octubre de 1925." Más adelante se arriesga la tesis de que Maiakovski fue algo así como un embajador del régimen soviético en Estados Unidos. Se omite indicar si la división en cuatro capítulos que presenta el volumen - "México", "Nueva York", "América" y "La partida"- es una decisión del poeta o de la editorial, así como ciertos recuadros que aparecen aquí y allá y que podrían indicar secciones temáticas.

El otro asunto sin resolver estriba en el carácter del apasionante documento que el lector tiene ante sus ojos. No es un diario de viaje, pues si bien está redactado en primera persona carece, salvo en un par de oportunidades, de toda datación más o menos ordenada. Maiakovski lo llama "ensayo", definición que le calza parcialmente porque la narración vertiginosa, atravesada de anécdotas e intuiciones brillantes, se desvía hacia la crónica de costumbres o el testimonio personal. Las primeras notas del texto dicen: "Dos palabras. Mi último viaje: Moscú, Könisberg (por aire), Berlín, París, Saint-Nazaire, Gijón, Santander, el cabo de La Coruña (España), La Habana (la isla de Cuba), Veracruz, la ciudad de México, Laredo (México), Nueva York, Chicago, Filadelfia, Detroit, Pittsburgh, Cleveland (los Estados Unidos de América del Norte). El Havre, París, Berlín, Riga, Moscú." Luego señala a modo de declaración: "18 días de océano. El océano es fruto de la imaginación."

Rápidamente se descuelga luego con un análisis entre ideológico y poético: "Las clases lo son de verdad. En la primera viajan comerciantes, fabricantes de sombreros y cuellos, primeras figuras del arte y monjas. Son gente extraña: tienen nacionalidad turca, solo hablan en inglés, viven en México y representan a empresas francesas con pasaportes paraguayos y argentinos. Son los colonizadores de hoy, la flor y nata de lo peorcito de México." El análisis prosigue en tono alegórico: "La segunda clase está ocupada por los agentes comerciales que van de viaje de negocios, los que se están iniciando en el arte y los intelectuales que desgastan las teclas de las Remington. Siempre consiguen volverse invisibles a los ojos de los contramaestres, se cuelan disimuladamente en la cubierta de primera clase." Y por último la tercera clase: "el relleno de las bodegas". Es brutal la enumeración de ese relleno: "la gente de las odesas de todo el mundo, que viaja en busca de trabajo, boxeadores, agentes secretos, negros. No intentan colarse en las otras clases." Por "odesas" Maiakovski no sólo designa a los judíos ucranianos residentes en Odesa, sino también a todos los emigrantes pobres que tenían en esta ciudad del Mar Negro su punto de fuga. El poeta repara en que las madres de tercera clase tranquilizan a sus niños como las madres rusas: "ea, ea mi amor, pobrecito mío." Como si se tratara de la tierra firme dictamina: "La primera clase vomita donde le da la gana, la segunda, sobre la tercera, y la tercera, sobre sí misma."

La escritura de Maiakovski funciona como la de un extraterrestre que provisto de una sólida tradición cultural se enfrenta con la modernidad triunfante. Su ingreso a los Estados Unidos resulta paradigmático: "-Moscú ¿eso está en Polonia? -me preguntaron en el consulado estadounidense en México. -No- contesté. Está en la URSS. Ninguna reacción. Me dieron el visado. Más tarde supe que si un estadounidense se dedica a afilar puntas de agujas, puede ser el mejor del mundo en su oficio sin haber oído siquiera hablar de los ojos de las mismas. Los ojos de las agujas no son su especialidad, y no tiene por qué saber nada de ellos." Esa especialización ñoña retiene al hombre en una función específica y obtura toda idea de progreso que incluya al otro, al distinto, al que posee menos, al perdedor.

Maiakovski cuestiona incluso a los pensadores soviéticos obnubilados por el éxito de Henry Ford. "El profesor Levrov escribe: `Ha aparecido un libro de Ford… un modelo de automóvil insuperable`…etc .etc (…) el mismo Ford dice que el objetivo de su teoría es convertir el mundo en una fuente de alegría, (¡un socialista!)." Luego de analizar la alienación que el modelo productivo ha generado en los obreros, donde Maiakovski explica que "cada trabajador de Ford debe y puede pensar en la mejora del proceso de producción", el poeta georgiano descerraja un lacónico comentario: "A las cuatro de la tarde me quedé en la puerta de la fábrica de Ford, observando el turno que salía de trabajar: la gente subía a los tranvías y se dormía al instante, completamente agotada. Detroit tiene el récord de divorcios. El sistema de Ford vuelve impotentes a los trabajadores."

El poeta no se dejó engañar.



Ficha:

AMÉRICA
Vladimir Maiakovski
Traducción de Olga Korobenko
Gallo Nero, 2011
Madrid, 140 págs.



Literatura de Viajes
Del 22 de febrero al 28 de marzo de 2012. Miércoles, 19:30-21:00.
Una introducción a las claves del género. Tradición, técnicas, la mirada del viajero... Para más información, escribir a info@funcionlenguaje.com

 

 

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